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El amuleto: un cuento sobre amistad

 

Las historias son una fuente inagotable de patrones de conducta y de moralejas que nos permiten mostrar a los hijos una manera de comportarse, te compartimos este cuento sobre una señora que acabó para siempre con su enemiga.

- Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con nuestros hijos.

 

El amuleto

El conflicto entre Maruca (departamento 401) y Dominga (501) había empezado por razones tan insignificantes que ya ninguna de las vecinas chismosas lograba recordarlas con claridad. El caso es que estas señoras se convirtieron en verdaderas enemigas y constantemente se molestaban poniendo el radio a todo volumen, desperdigando la basura y hasta dándose uno que otro empujón.

Después de un incidente en especial grave (Maruca le cortó el agua a Dominga), las vecinas convencieron a esta última de que aplicara una solución definitiva. También fueron a advertirle a Maruca lo que se planeaba en su contra. Ella se puso un poco nerviosa y esperó el inicio del ataque pensando en cómo se defendería. Éste comenzó de una manera muy inquietante: Dominga le dejó una planta a la puerta de su departamento. “Seguramente es de las que enferman el ambiente con su mal olor”, dijo Maruca y la llevó a la azotea.

Al día siguiente desde su departamento Dominga escuchó que Maruca estaba enferma de tos y pensó: “¡Ésta es mi oportunidad!”. Le preparó un jarabe con su ingrediente secreto y se lo mandó con Angelito, el niño del portero.

El tercer paso del ataque de Dominga fue más raro: de un clavo que había en la puerta de Maruca colgó un extraño amuleto metálico (un trébol de cuatro hojas). Al verlo, Maruca gritó asustada: “Estoy segura de que es un amuleto para que yo tenga mala suerte. Iré al mercado a indagar”. Se dirigió hacia allá y le preguntó a la señora que atendía el puesto de talismanes, hierbas y veladoras. Ésta le respondió: “¡Qué chistoso! Ayer vino su vecina y me pidió algo para la buena suerte. Le vendí ese trébol que es muy poderoso”.

Desconcertada, Maruca volvió a casa. Subió a la azotea y vio que se habían abierto los botones de la planta; era un rosal miniatura, muy perfumado, por el que se peleaban abejas y colibríes. Fuera de sí bajó corriendo al departamento de Dominga, llamó a la puerta y le preguntó: “¿Pues qué te traes? ¿No que querías acabar con tu enemiga?”. “Claro, y ya lo logré —respondió Dominga—, porque a partir de ahora tú y yo ya somos amigas. Pásale, te invito un café.”

Así fue como Dominga y Maruca se convirtieron en ejemplo de buena amistad y vecindad: ante las adversidades, se daban ánimos y se acompañaban, y ante las alegrías, siempre las compartían; si una enfermaba, la otra la atendía. Y lo mejor de todo: ¡acabaron para siempre con las habladurías de las vecinas!

 Para reflexionar con los hijos
  • Cómo te parece la actitud de las vecinas? ¿Adecuada o inadecuada?
  • ¿Qué creíste que iba a hacer Maruca, algo malo o destructivo?
  • ¿Qué lección les dieron a los otros habitantes del edificio?

 

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