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El ladrón de gardenias: cuento de legalidad

Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

El ladrón de gardenias

Don Hilario era jardinero en un parque público ubicado en un tranquilo barrio de la ciudad. Hacía ya treinta años que tenía ese empleo y ni un solo día había dejado de cumplir con sus obligaciones. Con gran dedicación se ocupaba de plantar, regar y cuidar las flores, los arbustos y el césped, así como de barrer las hojas secas. Además de ser el jardinero, don Hilario se consideraba el vigilante no oficial del lugar. Siempre estaba cuidando que los visitantes no arrojaran basura al suelo ni molestaran a las aves y a las ardillas. En cierta ocasión, durante su ronda diaria, descubrió que alguien había robado varias gardenias. Se aproximó al lugar y tras confirmar el hurto, se enojó mucho. ¡Cómo era posible! Presa de la indignación, colocó un letrero junto a aquellas flores blancas: “Quien corte flores será remitido a las autoridades”. Pero el aviso no surtió efecto, pues algunos días después el robo se repitió y, pasada una semana, el ladrón regresó por tercera vez.


Cuando el jardinero les contó a sus parientes lo ocurrido, su nieta Elisa dijo: “No te preocupes, abuelito, yo descubriré al culpable”. Todos se rieron de ella, pues pensaron que estaba bromeando. Lo que no sabían era que Elisa era muy inteligente y había leído muchas historias de detectives. La niña le pidió a su abuelito que la llevara a la “escena del crimen”. Él se dijo que no perdía nada y así lo hizo. Elisa comenzó a examinar el prado con una lupa. Luego le preguntó a su abuelo cuántas gardenias calculaba que se había llevado el ladrón y cada cuándo ocurrían los robos. Tras anotar las respuestas en un cuadernito, la niña anunció que había resuelto el misterio. Don Hilario puso cara de sorpresa. “Es muy sencillo, abuelito. Sólo hay que juntar todas las pistas”, dijo. “La primera pista son las huellas de zapatos que descubrí por todo el lugar. Son zapatos de hombre muy finos. La segunda es que en total se han llevado 36 flores.

Si divides ese número entre los tres robos, resulta que el ladrón se lleva 12 flores en cada ocasión.  La tercera es que, habiendo tantos tipos de flor, el ratero sólo se interesa en las gardenias. Y la cuarta es que únicamente roba los martes.” Don Hilario le preguntó a su nieta qué significaba todo eso. “¡Pero si está clarísimo!”, respondió ella. “Las huellas de zapatos indican que el tipo llega vestido con elegancia. ¿No te parece raro? El hecho de que siempre se lleve
una docena de flores quiere decir que va a ver a alguien importante para él. Y como los robos ocurren los martes, significa que visita a dicha persona ese día. Además, el ladrón es bastante tacaño, pues roba flores en lugar de comprarlas. Y te apuesto que tiene una novia llamada Gardenia.”

Don Hilario no creía que su nieta tuviera razón. Sin embargo, el siguiente martes se ocultó detrás de un arbusto y esperó allí hasta que sorprendió a un joven bien vestido robando sus gardenias. El muchacho trató de huir, pero sus finos zapatos se hundieron en la tierra y cayó al suelo. ¡El ladrón había sido atrapado! Y, tal como había dicho Elisa, era un muchacho tacaño cuya novia se llamaba Gardenia. Como castigo, la municipalidad condenó al joven a trabajar como voluntario en el mismo parque donde había cometido sus fechorías.

¿Y tú qué piensas...?

• ¿Cómo se relaciona el tema de la legalidad con el cuento que acabas de leer?

• ¿Consideras que el castigo que recibió el ladrón de gardenias fue justo?

• ¿Crees que don Hilario hubiera logrado atrapar al ladrón sin la ayuda de su nieta?

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