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El zoológico soñado: cuento de dignidad

Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

El zoológico soñado

El arquitecto Fernando Rubalcava había tenido una carrera impecable, llena de proyectos grandes y hermosos en su ciudad: monumentos, edificios, jardines amplios y arbolados. Siendo muy joven se casó con una de las chicas más populares de aquel entonces, Susana Martín, y tuvieron dos hijos: Joaquín y Mariana. Fernando trabajaba hasta la madrugada, pero era también un padre amoroso y tierno con sus hijos. Todo era alegría hasta que una sombra apareció en sus vidas: el alcohol.

Al inicio Fernando tomaba una copa “para relajarse”, luego dos y después botellas completas. Perdió el control, empezó a fallar en su trabajo y lo abandonaron fama y fortuna. Al ver esto sus colegas se reían de él y decían que la mezcla para sus edificios se hacía con ron. Sus hermanos no lo invitaban a sus reuniones (“No vaya a ponerse imprudente”) y parecía un extraño en su casa: Susana lo ignoraba, Joaquín lo evitaba y los vecinos se divertían contando chismes (“Ya no le permiten entrar a la escuela de los niños”).

Hasta el policía y el barrendero le negaban el saludo. Sólo Mariana seguía viendo en él al mismo hombre que la había arrullado y la había enseñado a cantar. Si se quedaba dormido en el sillón le quitaba los zapatos y lo ayudaba a acostarse. Si regresaba golpeado de la calle, lo curaba con violeta de genciana y le decía dulcemente: “Eres el mejor de todos”. Por aquellos días se planeaba construir un nuevo zoológico en la ciudad y las autoridades organizaron el concurso “El zoológico soñado”. Los alumnos de sexto debían hacer una maqueta del zoológico que les gustaría tener. El proyecto ganador sería el modelo a seguir. Mariana llegó a casa y le dijo a su padre: “Hoy no puedes beber. Tienes que ayudarme con una tarea.” Por primera vez en muchos meses, el arquitecto no salió a tomar.

Sacó sus instrumentos y juntos empezaron a hacer la maqueta en la que cobró forma un pequeño paraíso poblado por venados, castores, tigres y gacelas sueltos entre lagos, cuevas y praderas. Cuando la terminaron, Fernando le dio un beso a Mariana: “Hoy me hiciste sentir que sigo siendo tu papá y un buen arquitecto”. La maqueta ganó el concurso y se organizó la ceremonia de premiación. Mariana puso una condición para asistir: que invitaran a su papá. El arquitecto, sin haber bebido, se sentó en el lugar menos visible del auditorio (le daba pena estar entre la gente). Nadie quiso sentarse junto a él. Cuando Mariana subió al foro para recibir el trofeo pidió silencio en la sala. “Hice trampa —explicó— Yo no elaboré sola la maqueta. Me ayudó mi papá, el mejor arquitecto.” Bajó y le entregó el trofeo a Fernando. Cuando Mariana lo abrazó, él le susurró al oído: “Gracias por tenerme en tu corazón. Por ti voy a hacer el esfuerzo de aliviarme. Te prometo que, cuando esté listo, tú y yo iremos a pasear todas las tardes a nuestro zoológico soñado.”

¿Y tú qué piensas…?

•¿Consideras que, por estar enfermo de alcoholismo, el arquitecto dejó de valer como persona?

• ¿Te parecen justas las actitudes de rechazo que las demás personas tenían con él?

• ¿Qué fue lo más importante que hizo Mariana? ¿Recordarle a él su propio valor o recordar el valor ante los demás?

• ¿Qué crees que ocurrió después? ¿Logró curarse el arquitecto?

Conversa con nosotros sobre el valor de la Dignidad, en las redes sociales de Fundación Televisa en @fundtelevisa y en www.facebook.com/fundaciontelevisa.tieneselvalor