Agradecemos al patrocinio de:

Suscríbete para recibir más noticias


La cobija de espuma: cuento de generosidad

Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

La cobija de espuma

En una vieja vecindad de la Ciudad de México arruinada por el tiempo vivía Ramona, una viuda, con sus pequeños Mariana y Joaquín. Había sido costurera en una fábrica, pero la habían despedido hacía dos meses. No tenía ahorros y una noche no sabía qué darles para cenar. Aquel día el hambre se veía en sus rostros pálidos y ojerosos. “¿Qué haré?” se preguntó. “¡Ya sé! Voy a ver a doña Zenaida”. Se refería a la anciana portera del edificio, una buena mujer que siempre parecía tener una solución para todo. Salió al patio y llamó a la puerta de doña Zenaida, quien la invitó a pasar y, mientras tejía una cobija de estambre, escuchó el problema. “No te preocupes” dijo la anciana. “Vivo sola y siempre me queda comida, en el refrigerador hay arroz y picadillo del mediodía, llévatelos”. Ramona encontró los trastes y los tomó.

Antes de salir doña Zenaida la detuvo: “Te falta algo porque mis muchachos tienen que crecer bien, luego me ayudan a barrer y me hace feliz verlos saltar la cuerda con tanta energía”. Le extendió una bolsa con dos bolillos y tres piezas de pan dulce y un cartón de leche que tomó del anaquel del comedor. “Muchas gracias por compartir su pan, doña Zena” le dijo Ramona al salir. Mariana, Ramona y Joaquín cenaron con apetito pues doña Zena cocinaba rico, aunque con algo de chile. Conversaron muy alegres durante la merienda pues Ramona les dijo que al día siguiente tenía una entrevista de trabajo. El sueldo no era muy bueno, pero ya no les faltaría para comer. Brindaron con tres vasos de refresco frío y se levantaron a lavar las cacerolas de doña Zena. En una de ellas metieron las pocas galletas Marías que les quedaban en la despensa. Marta y Joaquín se fueron a dormir. Ramona dudó en llevar los trastes pues ya era muy noche, pero se animó al ver prendida la luz de la portería.

Llamó a la puerta, entró y le preguntó a doña Zena qué hacía despierta tan tarde. “Ay, hija, es que mañana nace el nieto de la señora de la Estética y le prometí una cobija. Pero con estas manos torcidas por la artritis no he podido terminarla”. “No se preocupe, doña Zena, yo sé tejer, por favor présteme las agujas y el estambre” dijo Ramona. Doña Zena se resistió al inicio (“No hija, no te sientas comprometida”), pero luego le dio los materiales. Ramona entendió bien el punto y continuó el tejido con facilidad mientras charlaban. Una buena jarra de café las mantuvo despiertas y en calor en aquella fría madrugada. Al amanecer, cuando estaba saliendo el sol, doña Zena se quedó dormida; a unas cuadras el recién nacido, un hermoso varoncito perfecto en cada detalle, daba su primer grito de vida, y la cobija —tan suave y ligera que parecía de espuma—, estaba lista. Todos eran más ricos que la tarde anterior.  

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Cuáles ejemplos de generosidad puede distinguir en esta historia?

• ¿Se limitan sólo a la entrega de bienes materiales?

• ¿Cómo se relacionan los valores de la generosidad y la solidaridad?

• ¿Por qué crees que al final de la historia todos fueron más ricos? ¿Tenían más dinero o propiedades?

• ¿Cuál de los personajes tenía mayor necesidad de ayuda?

Conversa con nosotros sobre el valor de la Generosidad, en las redes sociales de Fundación Televisa en @fundtelevisa y en www.facebook.com/fundaciontelevisa.tieneselvalor