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La lección del coscorrón: cuento civilidad

 

La lección del coscorrón

En una ocasión David, el dueño de una modesta hostería en el este de Rusia llamó a la puerta de Yitzchak Levi, un hombre mayor, famoso por la sabiduría de sus consejos y el poder de sus buenos deseos. —Maestro, vengo a pedirle un consejo. ¿Está permitido defender las propiedades? —le preguntó. —Desde luego que sí, ¿qué necesitas defender? —preguntó, a su vez, Yitzchak Levi. —Mi negocio. Deme sus buenos deseos —repuso David. —Explícame mejor —solicitó el sabio. —Todas las noches, una pandilla de jóvenes campesinos entra a robarme la comida. —¿Y cómo piensas defenderte? —Mi paciencia llegó al límite. Les grité que no volvieran. Incluso compré un perro guardián, pero no sirvió de nada. Sólo queda un remedio: hoy mismo iré a comprar un rifle. Deme sus buenos deseos. —¿Y cómo usarás el rifle para proteger tu propiedad? —preguntó Yitzchak Levi. —Cuando oiga que se acercan dispararé al aire, y si alguno se aproxima, le apuntaré. Esos rufianes sólo entienden la fuerza.

PARA REFLEXIONARA

  • Prefiere los juegos relacionados con el trabajo en equipo (voleibol) y no con el conflicto.
  • Organiza, con tu maestro y tus compañeros, un acuerdo común para mejorar la convivencia. Éste debe incluir una lista de acciones prohibidas y otra de acciones recomendadas.
  • En tu barrio, con el apoyo de chicos de tu edad, hagan planes para elevar la calidad de vida y diviértanse al llevarlos a cabo. Salgan juntos a barrer la calle, recojan las hojas secas, lleven a vacunar a sus traviesas mascotas.
  • Participa en votaciones infantiles, cuando se organicen, y acompaña a tus padres cuando ellos vayan a votar.
  • Promueve una "campaña de desarme": las armas de juguete y los juguetes bélicos deben depositarse en la basura.