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La liebre miedosa- cuento de Templanza

 

La liebre miedosa

Las liebres corren tan rápido porque siempre andan huyendo de lo que temen. En alemán se dice que una persona tiene "patas de liebre" cuando es muy cobarde. Y nuestra querida liebre Leporela era así. Al escuchar un ruido brincaba y salía disparada. Una tarde se sintió en especial inquieta porque llamó a su puerta un extraño personaje, muy relamido, vestido de blanco y negro, que cargaba un diminuto maletín. Era un predicador, astuto y mitotero, de la secta Pingüinos del Apocalipsis.

Éste le advirtió, falsamente, que el fin del mundo estaba cerca, que pronto habría un temblor y que para salvarse todos deberían viajar a la tierra prometida del Polo Sur: "¡Qué espantoso —se dijo Leporela— me da pánico que el suelo me trague y tenga que vivir con los topos!" Desde esa noche, para no permanecer en su madriguera, acostumbraba dormir bajo las ramas de un toronjo cargado de frutos y el predicador se le aparecía en sueños. En una ocasión unos malvados monos, miembros de una banda del crimen organizado dedicada al robo de fruta, se subieron a la copa del árbol para apoderarse de las toronjas. Las vendían en el mercado negro a precio de oro pues con las semillas se elaboraban costosas joyas. Cuando huían llevando consigo el jugoso botín dejaron caer uno de los frutos que golpeó el piso. Al sentir el impacto Leporela despertó creyendo que ya había empezado el terremoto y salió huyendo a gran velocidad.

En su loca carrera se encontró con Matiana, una liebre mayor y más experimentada. —¿Por qué corres? ¿Entrenas para los Juegos Olímpicos? —preguntó Matiana. —No, acaba de empezar un terremoto y hay que irnos al Polo Sur para que la tierra no nos trague —explicó Leporela jadeando. —Pues yo voy contigo —respondió Matiana y el par siguió avanzando tan rápido como el rayo. En su camino hallaron a varias compañeras que también se asustaron. En cuestión de minutos, millones de liebres corrían juntas. A su paso, sus alaridos iban sembrando terror entre todos los animales. —¡Córranle, córranle que el mundo se acaba! —decían en coro. Pronto se unieron al grupo los ciervos, los tigres, los elefantes y todos los demás animales. Cada uno avanzaba empujando a los demás y el conjunto causaba gran alboroto. El único que permanecía inmóvil era un tecolote que, mirando toda esta locura desde su rama, se limitó a decir: "Bah, es una ola de pánico promovida por la secta de los Pingüinos para inquietar a los inversionistas" y siguió leyendo su Manual de Carreño.

El ruido provocado por este desorden llegó hasta el cubil del león, el rey de la selva, que se asomó a ver qué estaba pasando: —¿A qué viene esta algazara? ¿Que ya estamos en carnaval? —preguntó. —Alteza, la tierra se está abriendo y pronto nos tragará a todos, ¡Vamonos al Polo Sur! —le respondieron. —A ver, a ver. ¿Quién vio que la tierra se está abriendo? —les preguntó. —Pues yo no —dijo el elefante. —¿Entonces quién? —insistió el león. El elefante le preguntó a la jirafa, la jirafa al tigre, el tigre al búfalo, el búfalo a la cebra, la cebra al ciervo… y ninguno pudo decir que había visto abrirse la tierra. Llegó el turno a las liebres y éstas identificaron a Leporela como autora del rumor. —Mmmhhh —dejó escapar el león mientras se acercaba a Leporela quien, viéndolo tan cerca, se hizo pipí del miedo. —Conque tu organizaste esta jarana —le dijo el león y le pidió que le explicara qué había ocurrido. Tras escucharla le propuso ir juntos hasta el toronjo. Al llegar encontraron todo normal, pero escucharon un golpe seco: era otra toronja que los monos bandidos habían dejado caer. El león les rugió con todas sus fuerzas y sus guardias los detuvieron. —¿Ya viste, Leporela? —la tierra no se estaba abriendo. Ve con los otros animales y cuéntales cómo se aclaró el misterio. Muy apenada, Leporela fue y les reveló su equivocación. Ya iban a darle pamba cuando el león intervino. —Momento.

Gracias a ella mis guardias han capturado a los ladrones de fruta. Además, ya aprendió que no debe ser tan miedosa y todo esto es también una lección para ustedes que se portaron como auténticos perros de pueblo: sólo el primero sabe a qué le ladra. Y al pingüino predicador no quiero verlo ni en pintura ¡que lo encierren en el zoológico! —ordenó antes de echarse tranquilamente a dormir.

—Adaptación de un cuento popular español  

Reflexiona

  • ¿Fue la liebre la causante de todo lo que ocurrió?
  • ¿Qué debería haber hecho cuando escuchó la noticia del temblor?
  • En momentos de peligro ¿somos todos igual de miedosos?
  • ¿Quién crees que fue el personaje más inteligente de esta historia?

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