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Un plato demasiado lleno- cuento de templaza

Un plato demasiado lleno

Nico y su familia llegaron al hotel Las Palomas el viernes a las tres de la tarde. Planeaban quedarse todo el fin de semana para descansar y divertirse. La idea era pasársela bien, pero poco antes de salir, los papás de Nico tuvieron una terrible discusión y durante el viaje casi no se hablaron. Últimamente los dos discutían por cualquier motivo, a cada rato se enojaban el uno con el otro y terminaban regañando a su hijo, aunque él no hubiera hecho nada malo. Todo esto ponía muy triste a Nico, quien no entendía por qué ambos se comportaban así. Poco después de sacar las maletas del auto y subirlas a la habitación, Nico quiso ponerse su traje de baño para lanzarse a la alberca. Sin embargo, su papá le dijo que no era hora de nadar, sino de ir a comer. Su mamá —quien aún seguía enojada con su marido— dijo que ella no tenía hambre, que fueran ellos dos. Así pues, padre e hijo se dirigieron al restorán del hotel.

El lugar era amplio y había largas mesas con mucha comida. Nico nunca había visto algo así. “Es un buffet —le explicó su papá—. Tú mismo eliges qué quieres comer y puedes servirte cuantas veces quieras.” Nico no lo pensó dos veces: devoró tres tipos de sopa, cuatro guisados, una montaña de ensalada y refrescos de todos los sabores. Pero lo mejor era la mesa de los postres. En el mismo plato puso helado, pastel de chocolate, pay de nuez, arroz con leche, gelatina y flan. Su papá lucía distraído y no le dijo nada. Al final, Nico había comido tanto que no le dieron ganas de nadar. Por la noche, le tocó cenar con su mamá. Ella le pidió que, por favor, no comiera demasiado, pero él no hizo caso. Se comió cuatro quesadillas (dos de papa y dos de queso), tres sopes de pollo, cinco churros, cuatro tazas de chocolate y, para terminar, un platito con duraznos en almíbar. Al día siguiente, los padres de Nico seguían sin hablarse.

Su papá se quedó en la habitación viendo el futbol y su mamá se sentó bajo una de las sombrillas que había junto a la alberca para leer una revista de modas. Aquéllas estaban resultando las peores vacaciones de su vida. Nico no sabía qué hacer. Nadó un poco, se asoleó y vagó aburrido y triste por el hotel. Durante el desayuno había huevos con tocino y él se sirvió tres veces. Luego, durante la comida, aprovechó que sus papás no estaban y tomó una porción de todos los postres que había. El plato estaba rebosante. Cuando terminó, volvió a servirse más. Por alguna razón, comer hacía que no se sintiera tan mal por la situación de sus padres. Esa noche, Nico volvió a atacar la mesa de los postres. En esa ocasión sus papás sí lo acompañaron, pero estaban tan ocupados discutiendo que no se fijaron en la cantidad de veces que su hijo se puso de pie para llenar su plato con los exquisitos postres que había. Cuando la familia regresó a la habitación, Nico comenzó a sentirse mal. Era como si dos gatos se estuvieran peleando dentro de su estómago. Además tenía fiebre y sudaba mucho.

Sus padres se dieron cuenta de que el asunto era serio y llamaron a un médico. Tras examinarlo, el doctor dijo que el chico sufría una severa indigestión; era necesario llevarlo de inmediato al hospital más cercano. Gracias a la intervención oportuna de los médicos, Nico logró recuperarse en poco tiempo. Al salir del hospital, se prometió a sí mismo no volver a comer tanto. Por su parte, sus papás se dieron cuenta de que no habían cuidado a su hijo como era su obligación y decidieron resolver sus diferencias en privado y jamás discutir frente a Nico.  

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Por qué crees que Nico comía tanto?

• ¿Crees que la forma de comer de Nico tenía alguna relación con los problemas de sus padres?

• ¿Consideras que Nico tenía el poder de controlar su glotonería?

• Si estuvieras en su lugar ¿habrías podido resistir la tentación de probar todos los postres?  

 

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