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La civilidad en la práctica

¿Cómo puedes practicar la civilidad? ¿Qué tiene qué ver este valor contigo? Una de las maneras más sencillas de comenzar a ejercer este valor es mediante la cortesía. Saludar a las demás personas, interesarse en ellas y tratar de llevarnos bien con todos contribuye a crear un buen ambiente en el hogar, en la escuela y, en general, en todos los ámbitos de nuestra vida. Otra forma de civilidad tiene que ver con el respeto a las leyes, normas y reglamentos. La idea es hacerlo no solamente para evitar un castigo, sino sobre todo porque estamos convencidos de que ello permite que la sociedad funcione mejor. Además de lo anterior, este valor está próximo al de la participación. La civilidad supone, en efecto, involucrarse en las necesidades de la comunidad en la que vivimos, sentirnos parte de ella y colaborar para en favor del bien de todos (también llamado “bien común”).

Vamos a actuar

Reflexiona sobre la manera que tratas a los demás. ¿Eres cortés con los otros, los saludas, das los buenos días? Si deseas que los demás te traten con amabilidad y respeto, actúa de la misma manera con ellos. Escribe un cuento sobre un país imaginario en el que no existe la civilidad. ¿Cómo sería? Investiga si existe en tu barrio alguna asociación de vecinos y pregunta a qué se dedican sus miembros.
 

El valor de ser padres...

La civilidad es un valor eminentemente social y, por lo tanto, prepara a los niños para desarrollar aquellas capacidades que les ayudan a vivir en comunidad. Los padres que quieren tener hijos bien integrados y con habilidades sociales, harían bien en sembrar en ellos esta virtud. La civilidad hace conscientes a los pequeños de que no están aislados, sino que pertenecen a un grupo social más amplio que rebasa el ámbito familiar y ante el cual deberán responder en su calidad de ciudadanos. Participe con sus hijos en campañas sociales: reforestación, llevar alimentos a persona necesitadas, ventas de garaje con fines benéficos, etcétera. Muestre a sus hijos la conveniencia de acatar las leyes y los reglamentos. Haga ver a sus hijos por qué ser un buen ciudadano beneficia no sólo a su comunidad, sino también a ellos mismos (pues ellos forman parte de la sociedad).
 

El valor de ser maestros...

La civilidad está ligada a la asignatura académica conocida como Civismo. Al igual que ésta, el mencionado valor tiene que ver con el comportamiento de la persona que cumple con sus deberes ciudadanos y respeta las instituciones y las leyes. La diferencia es que el término “civilidad” se encuentra más ligado a una forma de comportamiento y a una actitud. Ello permite al maestro enfocar este valor como una actividad, como un hacer, y no tanto como una materia de estudio sin relación directa con la experiencia cotidiana.

- Discuta con sus alumnos el término “ciudadanía” y hágales ver que ellos, aunque no sean mayores de edad, también son ciudadanos.
- Fomente entre ellos actividades en favor de la comunidad y explíqueles que son parte de sus deberes como miembros  de una sociedad.