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Confianza

   Confianza. 1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo. 2. f. Seguridad que alguien tiene en sí mismo. Realización. 1. f. Acción y efecto de realizar o realizarse. Realizarse. 4. prnl. Sentirse satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba. Superación. 1. f. Acción y efecto de superar. 2. tr. Vencer obstáculos o dificultades. 5. prnl. Dicho de una persona: Hacer algo mejor que en otras ocasiones.

—Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo segunda edición

  Una persona confiada es aquella que da por ciertos todos esos valores positivos en sí misma y en las demás. Tiene seguridad y mira con fe los aspectos valiosos de los seres humanos, por lo que espera que todos tengan una conducta favorable. La confianza debe estar basada en lo que observamos en quienes nos rodean. Cuando no es así puede ligarse a la ingenuidad o la ilusión y permitir que nos engañen, entonces ya no es un valor, sino un punto débil de nuestro carácter. El secreto es saber hallar el matiz preciso. Si no confiamos en nadie, ni en nosotros mismos, la vida es dolorosa e imposible. Si nos dejamos guiar por las ilusiones corremos riesgos. La objetividad al reconocer los valores propios y ajenos hace que la confianza tenga bases más sólidas y nos permita correr más rápido, saltar más alto, ser más fuertes.

 

Una sensación de seguridad

La vida de todos los días y los acontecimientos excepcionales están llenos de retos y desafíos para cada uno de nosotros. En realidad nunca sabemos bien qué nos espera en el futuro inmediato, cuando salimos de casa, o a largo plazo, digamos en cinco o diez años. En realidad resulta imposible saber lo que habrá de ocurrir, porque el mundo está hecho de riesgos y cambios constantes: nuestra familia, nuestra escuela y ciudad se modifican a cada instante. Esos cambios pueden ser positivos o negativos y a veces pensar en ellos, o vivirlos cuando son ya una realidad, provoca miedo e incertidumbre. ¿Qué podemos hacer si nada parece demasiado seguro? La respuesta es muy sencilla: confiar en nosotros mismos, en nuestra fortaleza y poder de adaptación, en nuestra capacidad de responder a los retos que nos pone la vida. Aunque ninguno de nosotros es un superhéroe y todos estamos sujetos a fallas y errores, siempre debemos estar seguros de que nuestros conocimientos, nuestros valores y nuestros principios son un escudo protector que nos permite avanzar a salvo por la vida. Quien no confía en sus propias fortalezas no puede obtener avances. Quien sabe reconocerlas se supera día con día, cumple sus metas y logra realizarse: llevar a cabo sus proyectos más importantes, ser cada día mejor persona e ir más allá de sus posibilidades actuales.

Extremos contrarios

• Una persona desconfiada avanza siempre a pasos inseguros.
• Quien no realiza sus sueños sufre frustración y amargura.
• Los conformistas nunca emplean su genuino potencial humano.

 

Problemas para pensar

En la base de una familia feliz está el valor de la confianza. Ésta es un elemento crucial para la pareja que la conforma y la sustenta. Cuando nacen los hijos los padres deben confiar en sí mismos como educadores y en el potencial de desarrollo que hay en ellos. Mientras en las generaciones anteriores inculcar miedo o temor al castigo en los pequeños era una estrategia básica de educación, hoy sabemos que la apertura, el acercamiento y la comprensión con los hijos ofrece verdaderos logros. La mejor forma de criar hijos seguros de sí mismos y una estructura de personalidad sólida consiste en ofrecerles certeza y seguridad como padres: atender sus necesidades, escucharlos y ser sensibles a sus problemas, así como manejar bien el margen de libertad y responsabilidad que les damos.