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Los Viajeros: cuento de empatía

Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

Los viajeros

Macarena tiene 13 años y vive en las afueras de Arriaga, una pequeña ciudad de Chiapas. Algunas tardes, cuando hace buen tiempo, sube a la azotea de su casa con su mejor amiga, Elisa. Allí se quedan las dos, sentadas sobre unos cojines, platicando de la escuela, de sus cantantes favoritos y de lo que harán cuando sean mayores. Macarena quiere ser maestra, pues admira a su profesora, la señorita Domínguez. A su prima, en cambio, le encanta cortar el pelo y desea poner un salón de belleza.

 

Mientras conversan toman tascalate, una bebida tradicional hecha con maíz, cacao, piñones y canela. Desde la azotea se pueden ver los alrededores de Arriaga. El campo luce todas las gamas del verde, mientras en el cielo las nubes se pasean sin prisa. También se puede ver la vía del tren, la cual pasa precisamente frente a la vivienda de Macarena. A cierta hora, un estrépito ronco suele interrumpir la plática de las amigas.

 

Ese sonido anuncia el paso de “La Bestia”. Así le dicen al ferrocarril que atraviesa la región arrastrando sus 20 pesados vagones repletos de carbón, cemento, madera, trigo y muchos otros productos. Entonces ambas se levantan de sus asientos para ver mejor, pues en ese tramo la vía forma una curva que obliga a la locomotora a disminuir la velocidad. Ello les permite observar a la gente que va encaramada en el techo de los vagones. “La Bestia” no es un tren de pasajeros, sino de carga, pero muchas personas viajan en él sin pagar, aunque sea peligroso. Son migrantes que vienen de distintos países de Centroamérica y que se dirigen al norte en busca de empleo. Casi todos son hombres, pero también hay mujeres y niños. Los vecinos de Macarena no los quieren.

 

Algunos dicen que son sucios e ignorantes; otros los acusan de ladrones sin tener pruebas. Si en alguna granja desaparece una gallina, de inmediato culpan a los migrantes. Si alguien se gasta su dinero en aguardiente, inventa en su casa que un centroamericano le robó la cartera. “No me gustan esas personas. Deberían quedarse en su tierra”, le dijo Elisa a Macarena una tarde, mientras las dos contemplaban el tren. La máquina se había detenido —seguramente a causa de un desperfecto— y los viajeros esperaban sentados a la sombra de los árboles.

 

En ese momento, Macarena recordó lo que la señorita Domínguez les había dicho en la clase de Formación Cívica y Ética: “Imagínense que son ustedes los que viajan en ‘La Bestia’, que tuvieron que dejar su casa y a su familia para irse a trabajar muy lejos, que no llevan dinero y que atraviesan un país extraño donde algunos los tratan mal… ¿Cómo se sentirían?”. Durante días, Macarena estuvo pensando en esas palabras. En su imaginación se vio a sí misma sobre uno de los vagones de aquel tren sin saber lo que le esperaba más adelante.

 

Entonces tomó una decisión. Bajó de la azotea con Elisa y fue a la cocina. Junto con su amiga y con la ayuda de su mamá, preparó varias jarras de tascalate. Luego convenció a su papá para que juntos fueran a ofrecer un vaso de la refrescante bebida a los migrantes, quienes parecían tener mucha sed. Cuando “La Bestia” reanudó la marcha se despidieron de ellos y los vieron alejarse.  

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Crees que es justa la manera en la cual los vecinos de Macarena tratan a los migrantes?

• ¿Por qué crees que tanta gente deja su país y su familia para irse a trabajar lejos?

• ¿Qué opinas de lo que les dijo la señorita Domínguez a sus alumnos?

• ¿Por qué piensas que Macarena ofreció tascalate a los viajeros del tren?

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