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Gratitud

Creciendo en la gratitud

Es seguro que, al enseñarte buenos modales, los adultos te hayan mencionado una palabra muy común en todos los idiomas: “gracias”. El significado de este término tiene un origen religioso. Indica nuestro deseo de que aquella persona que nos ayudó reciba la gracia de Dios, un favor milagroso para que su vida marche bien. Seamos religiosos o no, todos la decimos para corresponder al beneficio que nos ha hecho alguien. Pero la gratitud es mucho más que ese término. Es una sensación profunda de reconocimiento y cariño a quien nos ha favorecido y el deseo vivo de comprenderlo de igual manera. Crecer en la gratitud no es devolver un favor por otro como si fuera un intercambio comercial (aunque la verdad la “guerra de postres” no estuvo nada mal), sino generar vínculos profundos de ayuda y amistad, acciones permanentes de dar, recibir, compartir y reconocer el bien que podemos hacer por los demás y los demás pueden hacer por nosotros. Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o a querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera. Una persona agradecida está inspirada por un sentimiento, el amor: experimenta afecto por quien le ha proporcionado un valor y se lo demuestra con alguna acción concreta o con palabras claras. Las personas agradecidas no sufren odios ni resentimientos: libremente reconocen y premian a quienes las han ayudado pues aceptan en lo más profundo los beneficios que han recibido de los demás, mismos que son también una muestra de cariño.

Agradecer significa aceptar, dar valor y celebrar aquello que nos entregan quienes nos rodean en las medidas de sus posibilidades. En el mejor de los casos marca el inicio de una relación sólida y comprometida en la que las dos partes se turnan para dar y recibir constantemente.