Acciones de Dignidad
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La ruta de la dignidad

Si tratas a la gente que te rodea de manera digna (es decir, como individuos valiosos, merecedores de respeto y consideración) es natural que los demás actúen de la misma manera contigo. Por desgracia, esto no siempre es así. En la vida cotidiana nos encontramos a veces con personas que nos molestan, ridiculizan o se dirigen a nosotros con expresiones de desprecio. ¿Hay en tu escuela algún compañero o compañera que se burla de ti o acostumbra agredirte sin motivo? Esta conducta es inaceptable y no debes permitirla. La dignidad comienza por uno mismo. Reconoce que eres importante, que no mereces el maltrato de nadie; aprende a quererte, a valorarte, a aceptarte. Al asumir tu valor como persona, estarás mejor preparado para enfrentar las agresiones.  

Valores en acción

• Nunca olvides que, como cualquier ser humano, posees dignidad. Esto significa que tienes derecho a la felicidad, a la libertad y al desarrollo de tus capacidades. • Siéntete orgulloso de ti mismo. Si hay algo que no te gusta de tu persona, cámbialo, pero no te menosprecies ni consideres que vales poco. • Aprende a decir “no” cuando alguien pretenda rebajarte, denigrarte u obligarte a hacer algo que te desagrade o avergüence.  

Padres con valor

Una atmósfera familiar sana, en la cual existe armonía y respeto, es fundamental para que los niños y las niñas reconozcan y hagan suyo el valor de la dignidad. Por el contrario, un ambiente doméstico marcado por las injusticias, el autoritarismo y el maltrato afecta la autoestima de los pequeños, quienes crecen con la sensación de que son personas sin valor a las que cualquiera puede humillar. El trato digno en la infancia es determinante para sus futuras interacciones sociales y es la clave para crear individuos seguros de sí mismos.   • Haga sentir a sus hijos que son dignos de ser amados y que ocupan un lugar importante dentro de la familia. • Enséñeles a respetar a los demás, sin importar su origen étnico, profesión, nivel económico o preferencias. • Tratar con desdén a otras personas (empleados, asistentes, dependientes, ayudantes) en presencia de sus hijos, les transmite el mensaje de que es lícito conducirse así.  

Maestros con valor

No siempre es fácil para un maestro explicar el significado profundo de la dignidad humana. Es un concepto que, sobre todo en el caso de los más pequeños, puede resultar complicado. Es necesario, por lo tanto, valerse de ejemplos tomados de la realidad y relacionarlos con ideas como “respeto a uno mismo y a los demás”, “consideración” y “amor propio”. En este sentido, hacerle ver a cada chico que es único e insustituible constituye una manera de que los niños y las niñas entiendan lo que significa este valor y lo integren a su experiencia. • No permita que ningún alumno atente contra la dignidad de otro mediante vejaciones o palabras de menosprecio. • Ridiculizar a un chico frente al grupo o rebajarlo ante sus compañeros no sólo es malo para la dignidad del chico, sino que también resta autoridad moral al profesor. • Recuerde y enseñe a sus alumnos que la dignidad humana es un valor universal e irrenunciable: todos la poseemos y nadie puede privarnos de ella. • Fomente actividades de apoyo a ancianos o a personas enfermas. Ello enseñará al grupo que ninguna comunidad es más o menos digna que otra.

Con ganas de triunfar

  • No aceptes de los demás un trato despectivo o grosero. Mereces que te traten con respeto y consideración.
  • No des a los demás un trato abusivo o irrespetuoso, aprende a concederles la importancia que merecen.
  • Si perteneces a un grupo en desventaja, por ejemplo, si sufres una discapacidad, defiende tu derecho a un trato digno.
  • Aprende a tratar con la consideración y el cuidado necesarios todo lo que te rodea: las plantas, los animales y el mobiliario urbano que pertenece a la comunidad.

Palabras para las familias

La familia y el ámbito doméstico ofrecen el campo ideal para el entrenamiento en el valor de la dignidad. Gracias a ustedes los chicos pueden alcanzar la meta.
  • Considere a los niños como sus iguales y trátelos en función de esa igualdad. No se aproveche nunca de la diferencia de edad.
  • Pida verbalmente su aprobación previa para ingresar a su espacio y esfera de actividades. Proceda de la misma manera para cualquier contacto físico con ellos: “¿Puedo darte un beso?”, “¿Puedo darte la mano?”.
  • No exagere los elogios por sus logros ni sus críticas por sus errores. Mantenga una actitud equilibrada para fortalecer su autoestima.
  • Enséñelos a apreciar la dignidad de las demás personas enfocando casos especialmente críticos: un individuo en situación de calle, un drogadicto o hasta un criminal.
 

Palabras para los docentes

La escuela es el espacio más adecuado para fortalecer las competencias relacionadas con el valor de la dignidad y ustedes, los mejores entrenadores técnicos para chicos de “alto rendimiento”.
  • Hágales comprender que la experiencia educativa forma parte del camino que lleva a la dignidad: a través de ella están adquiriendo competencias y valores que los harán brillar más.
  • Controle, de manera decisiva, los casos de acoso o bullying. Está comprobado que menoscaban la autoestima y el sentido de la dignidad.
  • No tolere un trato abusivo o grosero por parte de los alumnos. Explíqueles la importante tarea que usted y la escuela desempeñan en sus vidas.
Acérquense a algún grupo vulnerable de su comunidad y busquen una experiencia de integración con éste para encontrar, entre otras cosas, que todos compartimos la misma esencia humana.

Problemas para pensar

El hogar es un espacio definitivo para que los pequeños adquieran el sentido de su propia dignidad y el sentido de la dignidad de los demás. Un hogar donde privan los abusos, la violencia y las manifestaciones innecesarias de poder puede desorientar a los hijos de muy diversas maneras: hacerles creer que no valen nada, llevarlos a pensar que los hombres son más importantes que las mujeres o que sólo los adultos tienen derechos.

Acciones para seguir

1. No aplique castigos humillantes a sus hijos. Evite el maltrato físico y las palabras o regaños que los hagan sentir inútiles o rechazados. No muestre preferencia por alguno de los hermanos y nunca use el “buen ejemplo” de uno para educar al otro. 2. No aliente en sus hijos un sentido de superioridad sobre los demás niños y evite cualquier tipo de comentarios que tienda a desvalorizar a los otros por algún defecto físico, las diferencias socioeconómicas o el bajo rendimiento escolar. Evite los consentimientos excesivos. 3. Evite las manifestaciones machistas dentro del hogar. Hacer creer al pequeño que el género masculino es superior al femenino implica hacerlo creer que las mujeres tienen menor dignidad. No use lenguaje sexista ni generalizaciones falsas como “Todas las mujeres son tal y tal”.

Un mensaje para los maestros

En la medida en que aporta nueva información y nuevos modos de razonar, la experiencia educativa es, en esencia, un proyecto que reconoce la dignidad del maestro como transmisor de conocimientos y la dignidad de los alumnos como receptores de éstos. Cualquier otra imagen de la educación basada en intereses económicos o de poder, traiciona los objetivos de formar hombres y mujeres de bien y enriquecerse, como docente, a través de esa experiencia.

Acciones a seguir

1. Haga del aula y de la escuela espacios de dignidad en los que se cuiden todos los detalles: la limpieza y el orden de las instalaciones, la interacción respetuosa entre autoridades y educandos, la presentación de los alumnos y la calidad de las enseñanzas que usted les da. 2. En muchas ocasiones los estudiantes de primaria no saben ni por qué ni para qué van a la escuela. Destine algunas sesiones regulares para explicarles que el objetivo es hacer personas con más aptitudes y capacidades que les permitan obtener logros en la vida. 3. No margine o critique ante el grupo a los “niños problema” o a los de bajo rendimiento escolar. Promueva procesos de aceptación e integración sumando fuerzas con el grupo, las autoridades de la escuela y la familia del educando.

Actividades

Algunos los personajes que encontramos en este capítulo lucharon por hacer más grande su dignidad y triunfaron: el soldadito sin pierna conquistó el amor de su bailarina, el pobre “hombre elefante” consiguió el aprecio y la ayuda de los demás. Usaron su inteligencia y lograron que los demás los honraran. Es tu turno y, para ello, ya sabes lo básico sobre los valores de dignidad, discreción y honorabilidad. Ahora te toca hacerlos crecer: • Mereces verte bien. Mantén limpio tu cuerpo, córtate las uñas y péinate. No importa si tu ropa es muy sencilla, pídele a tus padres que esté bien lavada y que si está rota o descosida, la remienden. • Mereces estar en un lugar agradable. Ordena tus cosas y las de tu casa. Ayuda a que esté siempre limpia, recoge la basura del suelo y cuida los objetos que hay en ella. Si algo está sucio, lávalo; si algo está roto, pégalo. • Mereces estar rodeado de buenas compañías. Acércate a los amigos que te dan ánimos y te invitan a hacer actividades positivas. Comparte con ellos lo mejor que tengas. Aléjate de quien te ofrece drogas, te maltrata o trata de tocarte a la fuerza. Experiencias que valen Escribe qué aprendiste en este capítulo. ¿Qué te llamó más la atención? Escribe una experiencia que tuviste con los valores de dignidad, discreción y honorabilidad después de leer este capítulo.