Acciones de Identidad

ENTENDER EL VALOR:

EL ESPEJO Y LA VENTANA.

Si has observado a las personas que te rodean, te habrás dado cuenta que eres único. Sólo tú tienes ese rostro y sólo tú tienes esa forma de ser con tus virtudes y defectos, tus sueños y proyectos. Reconocer esas características propias e individuales es comprender tu identidad, los rasgos que te definen frente a los demás. Ese sentido de la identidad puede ampliarse a grupos más grandes, como los miembros de una etnia indígena o los ciudadanos de un país. Sus características compartidas los distinguen de los otros grupos. Reconocer tus rasgos de identidad te conduce a adquirir confianza en ti mismo: teniendo claras tus capacidades y debilidades puedes orientar tus acciones y relaciones con los demás. En un plano más amplio, te lleva a celebrar y defender la cultura propia de tu grupo, tu estado o tu país. Eso no significa, sin embargo, que te cierres a las expresiones de otras culturas o personas que pueden enriquecer tu visión. Tus propias expresiones pueden enriquecer la de ellas. Este valor se relaciona con la honestidad, que te permite aceptar lo que eres, y con la tolerancia, que te permite aceptar lo que son los demás. Es como si por un momento te vieras en un espejo y, por otro, te asomaras a la ventana para ver el mundo (y también para que el mundo te vea a ti). ¿Ya lo pensaste? Algunas personas ocultan su identidad para que nadie las reconozca, generalmente porque planean realizar alguna acción negativa. Otras lo hacen porque les gusta el misterio que inquieta a los demás. Un medio común de lograrlo es usar una máscara. Algunos luchadores lo hacen y su rostro permanece oculto al público. Otros prefieren exhibir su cara tal como es. Si tú fueras luchador o luchadora ¿usarías máscara? ¿o tendrías la suficiente confianza en ti para mostrar tu rostro?

REFLEXIONA:

HISTORIA NACIONAL:

El nacimiento de México. Todos los países se han construido a partir de dos elementos clave: la definición de su identidad y cultura, y la confianza que depositaron en sus valores y en su futuro. Ese fue también el origen de México. Cuentan que Aztlán, cuna de la civilización mexica, era una especie de paraíso donde la y la muerte no existían. Se supone que estaba en el norte de México —tal vez por Nayarit— en un islote rodeado por un lago donde vivían numerosas garzas. En el paisaje destacaba la vegetación propia de esa zona desértica: cactáceas, magueyes y mezquites. En el centro del islote había una pirámide en cuya cima sobresalía una nopalera cargada de tunas. La ciudad fue construida con piedra, barro y fibras vegetales por siete tribus que originalmente vivían en las cuevas de Chicomoztoc. Éstas le dieron su nombre, que significa “tierra de garzas”. Algunas tradiciones describían Aztlán como un lugar tranquilo y placentero, con una sociedad participativa. Los pobladores vestían prendas de manta, disponían de embarcaciones ligeras y practicaban la pesca; su economía estaba basada en el trueque de objetos, como conchas y textiles. El uso de granos de cacao como moneda fue posible hasta que se movilizaron al sur. El poder de Acamapichtli. Entre los primeros reyes mexicas el más importante fue Acamapichtli, quien se convirtió en monarca en el año 9, Técpatl (alrededor de 1384). A él le tocó asegurar los cimientos de un imperio joven que buscaba definir su identidad. Gobernó por 21 años que se distinguieron por su paz y quietud para el pueblo. Con seguridad construyó los edificios básicos de la Ciudad de México-Tenochtitlan y ordenó sus actividades. Como gran conquistador logró someter a diversos pueblos del valle de México, como Xochimilco, Mizquic y Cuauhnahuac. Al morir no nombró un sucesor y se eligió como nuevo rey a su hijo Itzcóatl, quien fue padre de Moctezuma I. Había iniciado el linaje de los reyes mexicas y el incesante avance de su poderío. De acuerdo con la leyenda el dios Huitzilopochtli ordenó a los mexicas —también llamados aztlecas o aztecas en recuerdo del lugar— partir en busca de una señal mágica. Tenían que hallar a un águila devorando una serpiente, para asentarse allí y fundar su propia ciudad. Abandonaron Aztlán alrededor del 830 d.C. y empezaron su viaje hacia el sur. En el camino hallaron obstáculos y enfrentaron a grupos enemigos. Tenían que confiar en sí mismos y guardar la calma para encontrar lo que estaban buscando. Tardaron alrededor de quinientos años en conseguirlo. Cuando llegaron al valle de México, hacia 1325 la zona estaba ocupada por otros grupos y sólo hallaron un lugar en un extremo del lago de Texcoco. Después de mucho buscar encontraron el tunal, nacido de una piedra rodeada de aguas muy claras. Sobre él estaba un águila real con las alas abiertas y extendidas, tomando el sol de la mañana; en el pico llevaba la serpiente. El ave volteó a verlos y ellos se arrodillaron asombrados por el prodigio. Medio milenio después del inicio de su viaje, habían conseguido su objetivo. Esa imagen es el máximo símbolo de la identidad mexicana y conforma el escudo nacional. ¿Ya lo sabías? : Identificaciones Desde un punto de vista legal es importante asegurar la identidad de cada persona, para que ejerza sus derechos (por ejemplo inscribirse a la escuela) y cumpla con sus obligaciones (como pagar impuestos). Por esa razón el gobierno de cada país expide los documentos oficiales conocidos como identificaciones. En México los más importantes son el pasaporte (necesario para ingresar a otros países) y la credencial para votar. En ellos se incluyen los datos y la fotografía de la persona interesada. ¿Cuentas con alguna identificación como estudiante de tu escuela? Para reflexionar:
  • ¿Era correcto que Tizoc trabajara como espía contra los suyos?
  • ¿Por qué lo rechazaron tanto los españoles como los indígenas?
  • ¿Valió la pena su época de diversión y descuido de los problemas?
  • ¿Es tu identidad como mexicano más indígena o más española? ¿O es simplemente algo distinto y nuevo?

DE LA SABIDURÍA POPULAR:

Cada araña por su hebra, cada lobo por su sierra. Aunque existen ambientes, valores y actividades compartidos, cada persona debe desarrollar lo que es propio a su identidad y confiar en ella.

PARA LA VIDA DIARIA:

1. Reconoce las señas particulares de tu cuerpo, el color de tu piel, las características de tu cabello, la forma de tu rostro y tu complexión. Al mismo tiempo, reconoce las señas particulares de tu personalidad. Piensa en las ventajas que puedes tener gracias a ellas: tal vez eres alto y puedes jugar al básquetbol, tal vez eres bajito y cabes en todas partes; tal vez eres paciente y puedes hacer trabajos delicados, o tal vez lo tuyo es resistir grandes esfuerzos. 2. Reconoce las señas de identidad de México. ¿Qué nos distingue con respecto a otras naciones? ¿Cuáles son las características físicas de los habitantes? ¿Cómo es su carácter? Aquí pueden caber muchas cosas: los alimentos que consumimos, las actividades que practicamos, el trato que damos a los demás, o nuestra solidaridad en momentos de dificultad. Revisa la Bandera, el Escudo y el Himno, nuestras marcas internacionales de identidad. 3. Pide a tus padres o maestros que te acerquen a los elementos de la cultura mexicana a través de talleres de artesanías, el uso de juguetes tradicionales, los juegos y rondas mexicanos, la celebración de las fiestas típicas y la visita a exposiciones sobre México.

EL EXTREMO OPUESTO:

La desconfianza en sí mismas y el olvido de la identidad impiden que las personas se desarrollen. Cuando no tenemos claro quiénes somos y tememos ser incapaces de responder a los desafíos de la vida, no podemos avanzar en nuestros proyectos. Siempre seguros de sí mismos, los mexicas crearon su imperio elevando al máximo sus rasgos distintivos. El indio triste murió por renunciar a su identidad y adoptar valores contrarios a los suyos.