Acciones de Persona

Reflexiona

Acepta las Diferencias

Así como la población se cuenta por millones, es común escuchar que “tantos miles” viven en extrema pobreza, mueren de desnutrición o no reciben educación. No hay que guiarnos por las cifras, sino pensar en la importancia de cada una de esas personas por separado, su lucha y sus padecimientos. Cuando tratamos de verlos uno por uno, como en una especie de amistad a distancia, comprendemos mejor las dificultades por las que atraviesan y sentimos una mayor empatía y responsabilidad con respecto a ellos. No es lo mismo saber que en una guerra murieron veinte mil hombres que pensar en el caso de uno de los soldados que, al fallecer, dejó solos a su esposa y sus hijos. Por ser representante de la humanidad, cada persona vale tanto como ella y el mundo sólo será un lugar bueno y justo cuando todos y cada uno de sus habitantes, persona por persona dejen de sufrir. Reconocer el valor y la importancia única de cada ser humano es el mejor camino para aprender la virtud de la tolerancia, que consiste en restar valor a las diferencias superficiales y aceptar a quienes son distintos a nosotros. En el mundo de hoy es común que la gente se organice en grupos como las clases sociales, las religiones o los partidos políticos. Lo mejor es recordar que, antes de estar en cualquiera de esos “clubes”, nosotros y los demás somos personas. Eso es lo único que importa. PROBLEMAS PARA PENSAR Un mensaje para los padres Aunque todos los que pertenecemos a la especie humana somos iguales, ciertas diferencias superficiales nos hacen creer que unas personas valen más que otras y que algunas no valen nada. Esto no debe ser así. Cada ser humano, más allá de su apariencia, situación, utilidad o problemas conserva su valor. Lo interesante es que lo ayudemos a rescatar ese valor que, a veces, parece perderse. ¿Qué harías tú para que el valor de las siguientes personas volviera a brillar intensamente? Un pequeño que vende dulces en el crucero de una calle. Un enfermo de un mal que no se cura. Un hombre que está en la cárcel porque cometió un delito. Un anciano discapacitado que vive solo y triste. Un niño sordomudo. Una persona que sufre alguna deformidad en el cuerpo. Una persona que adicta al alcohol y las drogas. ¿Crees que cualquiera de ellas no es un “ser humano”? ¿Crees que alguna de ellas no merece respeto? ¿Por qué? Escribe una historia sobre el caso que más te interese y la forma en que tú lo ayudarías. LO QUE DICEN LOS LIBROS “La persona es un individuo con capacidad de razonar. Cada persona es perfecta y forma una unidad autónoma, independiente y suficiente, que no necesita de nada ni nadie más para existir. Cada una de las personas está dotada de un espíritu con dos facultades: la capacidad de conocer y la voluntad. Éstas hacen que las personas tengan conciencia y sean responsables de sus acciones.”

—Tomás de Aquino, Suma Teológica