Acciones de Prudencia
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La ruta de la prudencia

Desarrollar el valor de la prudencia nos ayuda a actuar con cautela, a tener mayor conciencia de nuestros actos y a no correr riesgos inútiles. Se dice que los niños y los jóvenes suelen reaccionar de manera precipitada e impulsiva, mientras que los adultos, debido a su edad, actúan siempre con sensatez y cuidado. Esto no es necesariamente así. La prudencia no es una cuestión de edad, sino de educación, criterio y cultura. Hay personas mayores que se comportan de manera irreflexiva y sin pensar en las consecuencias de sus actos. Por otro lado, existen niños y jóvenes que han aprendido la importancia de analizar las cosas y fijarse en lo que hacen o dicen. Esto último no significa que nunca cometan errores; quiere decir, más bien, que son capaces de aprender de sus equivocaciones y actuar mejor la próxima vez.  

Valores en acción

• Piensa las cosas con calma antes de tomar una decisión importante. • Respeta y comprende a tus compañeros. No olvides que todos tenemos sentimientos. • Elige tus palabras con cuidado al hacer una crítica o una reclamación. • Habla con claridad y firmeza, pero sin olvidar la cortesía ni la buena educación.  

Padres con valor

Si bien la palabra “prudencia” puede relacionarse con temas como la seguridad y la prevención de accidentes, en el terreno específico de los valores tiene que ver, principalmente, con nuestro trato hacia los demás. Educar a nuestros hijos e hijas en la prudencia significa, desde este punto de vista, formar personas consideradas, individuos cuyas actitudes y proceder demuestran que valoran las opiniones, sentimientos y derechos de los demás miembros de la familia. También implica la habilidad para discernir y juzgar correctamente la conducta propia y la ajena. • Invite a los miembros de la familia a participar en las decisiones que los afecten a todos. • Haga de la cortesía una norma en casa. • Enseñe a sus hijos que todos nuestros actos tienen consecuencias. • Evite que los niños estén presentes cuando converse con otro adulto sobre temas inapropiados para ellos.  

Maestros con valor

Además de ser un recurso destinado a precaver a los niños y a los jóvenes contra posibles riesgos en la escuela y de brindarles una herramienta para la toma de decisiones en la vida, la prudencia posee una gran importancia en el ámbito de la ética. Ser prudente significa dirigirse a los demás desde el respeto. El maestro deberá enseñar a sus alumnos que la prudencia puede ser un “arte social” consistente en hablar y actuar tomando siempre en cuenta la sensibilidad, individualidad y dignidad de quienes nos rodean. • Muestre a sus alumnos, mediante alguna anécdota, los riesgos que conlleva la precipitación. • Invítelos a compartir con el grupo su punto de vista sobre el peligro de actuar con imprudencia. • Sea prudente: evite actos tales como humillar a sus alumnos o señalar sus errores en público. • Plantee al grupo un dilema moral hipotético e invítelos a solucionarlo sopesando los pros y los contras.