Acciones de Templanza
06-Templanza-04 Seguramente conoces personas que no son capaces de dominar sus emociones. Hay gente que, cuando se enoja, golpea a los demás, los insulta y arroja cosas. También están aquellos que, al sentirse tristes, se tiran al suelo y lloran a gritos como si fueran niños pequeños. Expresar enojo, tristeza, temor, rencor, celos o envidia es algo muy humano, y manifestar tales sentimientos resulta perfectamente normal; no hay que avergonzarnos de nuestras emociones ni pretender que estamos hechos de piedra y que, por lo tanto, nada nos afecta. El problema surge cuando no somos capaces de dominar tales sentimientos y dejamos que sean ellos quienes nos dominen. La templanza es un valor que nos ayuda a tener el control sobre lo que sentimos y sobre nuestros instintos. La templanza nos otorga la serenidad necesaria para mantener una buena actitud ante la vida y para no dejarnos controlar por las tendencias negativas que todos hemos llegado a experimentar.  

Valores en acción

• No temas expresar tus emociones, pero aprende a que no te dominen. • Cuando te sientas abrumado por sentimientos negativos (miedo, dolor, angustia, ira) no te desesperes y pide ayuda. • Reconoce aquellas prácticas que son dañinas para tu salud (como comer en exceso o fumar) y no te encadenes a ellas. • No te “enganches” en relaciones amorosas o de amistad con personas celosas, violentas o groseras.  

Padres con valor

Hasta hace poco, el término “templanza” se vinculaba sólo con el ámbito religioso y aludía, sobre todo, al dominio de la voluntad sobre las pasiones del cuerpo. Hoy en día la templanza posee una significación más amplia. Educar a nuestros hijos en este valor, significa ayudarlos a “templar el carácter”, es decir, enseñarles a ser firmes en lo que quieren y les conviene, y a saber resistirse a aquello que los perjudica y encadena. También significa ayudarlos a ser libres, pues la templanza ayuda a los hombres y a las mujeres a emanciparse de los vicios y los excesos. • Demuestre a sus hijos que puede manejar adecuadamente sus reacciones de enojo, frustración y tristeza. • Apóyelos para que ellos logren hacer lo mismo. • Dialogue con sus hijos y llegue a acuerdos para limitar las horas que ven televisión, chatean, navegan en internet o hablan por teléfono.  

Maestros con valor

La generosidad, el perdón y la solidaridad son valores sociales, pues tienen que ver, sobre todo, con las relaciones que mantenemos con los demás. La templanza, en cambio, es esencialmente un valor personal, pues se enfoca en la manera en la que cada quien vive su propia vida. Los maestros pueden fomentar este valor entre sus alumnos favoreciendo el autoconocimiento y la autoestima, pues al conocerse mejor y valorarse en su justa medida, los niños y los jóvenes desarrollarán mejor la virtud de la templanza, entendida como moderación, autocontrol, equilibrio y dominio de la voluntad. • Reflexione con sus alumnos sobre el tema de las necesidades reales versus las necesidades ficticias. • Conozca los intereses, gustos y pasiones de sus educandos con el fin de mostrarles las ventajas de la templanza sobre el exceso. • Al abordar temas como alcoholismo, drogadicción y trastornos de la alimentación, muéstreles cómo una vida sana es no sólo el “mejor” camino, sino también el más “razonable”. Es decir, apele a su inteligencia. Con seguridad has oído hablar de un famoso súper-héroe (dinos quién es) al que apodan “el hombre de acero” por su increíble fuerza y la valentía con que combate a pillos, delincuentes y malvados. El acero (una aleación de hierro y carbono) es, en efecto, uno de los metales más sólidos y fuertes que existen. Sin embargo, para darle esas propiedades es necesario someterlo a un procedimiento especial: el temple, que le da mayor dureza, resistencia al esfuerzo y tenacidad (capacidad de absorber grandes cantidades de energía sin romperse). La forma de lograrlo es muy interesante: primero lo calientan a una temperatura muy elevada que alcanza los mil grados centígrados; entonces, de repente, lo enfrían a una gran velocidad, sumergiéndolo en agua o aceite muy helados. La estructura interna del acero sufre una gran transformación y queda listo para miles de usos, como la elaboración de maquinaria industrial, la estructura de edificios y poderosos vehículos. ¿Y qué tiene qué ver todo esto con nuestro tema de los valores? Pues que existe uno, llamado templanza, que nos da una fuerza personal comparable a la del acero. Para conseguirlo no se trata de que primero te bañes con agua muy caliente y luego muy fría, sino que sepas resistir las diferentes situaciones de la vida y te conviertas en una persona cada vez más sólida: no sentir demasiado miedo a nada, no sufrir demasiada tristeza cuando te pasa algo malo, no entusiasmarte demasiado con algo que te gusta olvidando lo que en verdad importa. Controlar tus emociones con autodominio te permite, día a día, ir conquistando ese objetivo.    

Un mensaje para los maestros

La escuela es el gran laboratorio de la convivencia donde, en buena medida, se forja el carácter de los futuros adultos. El trato que dé usted a sus alumnos y la manera en que los oriente, contribuirán a que tengan un carácter templado y seguro, o temeroso y vulnerable. Recuérdelo en cada una de sus acciones y decisiones dentro y fuera del aula.   Acciones a seguir Evite la intimidación, las amenazas y el recurso al miedo. Plantee los desafíos escolare como algo situado mucho más allá de las buenas o las malas notas. Se trata, más bien, de la forma en que cada quien construye su futuro. Es común que los niños expresen (mediante su conducta) los problemas e inseguridades que sufren en el hogar. Aprenda a reconocer esos casos y promueva que se sientan fortalecidos en el aula, por ejemplo, destacando alguna habilidad especial que sirva de contrapeso a los aspectos problemáticos. Si usted desea tener alumnos constantes, sea constante: trabaje con ellos en forma regular y ordenada, respetando con rigor los horarios. Si desea tener alumnos con autodominio, empiece por manifestarlo usted: no pierda la calma ni alce la voz, pues su imagen podría debilitarse ante ellos.