Cuentos

El buey trabajador: cuento de esfuerzo

El buey trabajador

En un hermoso establo de la estepas vivían juntos un buey y un burro. Mientras el burro flojeaba casi todo el día y se limitaba a transportar muy de vez en cuando a su amo, el buey vivía jornadas agotadoras de esfuerzo: labraba la tierra, llevaba en su lomo pesadas cargas y hasta tenía que ayudar a sacar el agua de una noria.

Una tarde llegó muy cansado al establo, comió una abundante ración de paja, bebió agua suficiente y empezó a quedarse dormido cuando de repente se sobresaltó. —¿Qué te pasa? —le preguntó el burro. —Acabo de recordar que mañana tengo que levantarme muy temprano, pues debo ayudar a labrar el gran terreno que hay pasando la laguna, y ya no aguanto la fatiga —respondió el buey. —No te preocupes, yo voy a enseñarte cómo puedes quedar libre de ese trabajo — dijo el burro. —¿Cómo? —Es muy fácil. Mañana, cuando el patrón venga por ti comienza a caminar sólo sobre tres patas. El amo creerá que tienes lastimada la cuarta y te dejará descansar todo el día —explicó el habilidoso jumento.

Aquella noche el buey no logró conciliar el sueño pensando qué hacer al día siguiente. Así vio ocultarse la luna y salir el sol. Si ya de por sí estaba cansado, ahora tenía todavía menos energías. El gallo cantó y el patrón de los animales se acercó al establo para despertar al buey. Siguiendo los malos consejos del burro, cuando éste se incorporó hizo como que cojeaba. El dueño del establo lo vio con detenimiento y le dijo: —Mmm… creo que has estado trabajando de más estas semanas y haré venir al veterinario para que te revise esa pata. Pero el terreno que hay pasando la laguna no puede quedarse sin labrar… ¡Ya tengo la solución! En esta ocasión serás tú quien me ayude —dijo mirando al burro.

Espantado por la perspectiva de trabajar todo un día el burro pegó un rebuzno que se oyó muy lejos y cuando recuperó la compostura se dirigió al amo: —Patrón, patrón, el buey no está enfermo de la pata, yo le aconsejé que mintiera para no ir a trabajar —le explicó. —¿De manera que le estuviste dando malos consejos para que sea igual de flojo que tú? — comentó el amo y se quedó pensando un largo rato. Ambos animales esperaban temerosos la decisión de su dueño hasta que éste finalmente habló. —Bueno, los dos podrían merecer una buena paliza por mentirme. Pero he tomado otra decisión. Tú, buey, te has esforzado más de lo que puedes y mereces un descanso. Y tú, burro, necesitas hacer algo por cambiar de vida. Así que mientras el buey toma unas vacaciones me ayudarás a labrar la tierra —comentó. —¿Y cuando terminen las vacaciones? —cuestionaron los animales a coro. —Entonces todos los días iremos los tres a labrar para conocer juntos la alegría del esfuerzo (y también la del descanso).

—Cuento de Belarús

Para reflexionar

  • Realiza cada tarea con profundidad y concentración. Si se trata de lavar un plato, procura  que no quede una sola mancha. Si pasas algún apunte  a tu libreta evita cometer errores.
  • Aprende las ventajas del "trabajo hormiga". Si tu habitación, tu mochila o tus cajones están en completo desorden, dedica quince minutos al día para arreglarlos. Al cabo de un mes cad cosa se hallarà en su lugar.
    • El proceso de Independencia de México fue uno de los más largos de América Latina (1810-1821). Investiga cómo sus líderes perseveraron en ese esfuerzo por más de una década.
    • Busca información sobre los deportes que, a pesar de sufrir una discapacidad han triunfado. Uno de ellos es Saúl Mendoza: no puede usar sus piernas por haber padecido poliomielitis pero es campeón de los Juegos Paralímpicos.

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