El ideal de la justicia
Muchas veces, el problema de confusión sobre qué es la Justicia radica en que la concebimos como un enfrentamiento entre una fuerza del mal y una del bien, como un superhéroe persiguiendo a su archienemigo. La esperanza es un rasgo del corazón humano y cuando se siente acorralado ese hombre o mujer, por debajo de su conciencia le surge un anhelo, el deseo de que intervenga una tercera fuerza, una superior, para restablecer la paz. Este anhelo nace de la indefensión que siente el ser humano ante los poderes terribles de la naturaleza, al percibir lo agudo de su fragilidad. En la antigüedad los hombres sintieron de manera similar este deseo subconsciente y le dieron cauce a través de un recurso en la maquinaria teatral llamado Deus ex machina: una vez la trama alcanza su complejidad mayor, aparece algún dios o ángel o héroe o alguien para resolver el entuerto, con independencia de la lógica interna del drama. Aún hoy se utiliza y, a grandes rasgos se hace igual: mediante una grúa se levanta al actor para introducirlo por arriba del escenario y simular su descenso de los cielos (como en la imagen). Tal es el caso de, por ejemplo, Hipólito, tragedia escrita por Eurípides y en la cual, el protagonista, quien además da nombre a la obra, es víctima de una cruel injusticia, la cual se resuelve al aparecer Artemisa (diosa emparentada por los atributos con Temis) y dar a conocer al padre de Hipólito la verdad. A este ideal, algunas personas suelen llamarlo Justicia divina, una intervención sobrenatural que restablece el orden y le otorga a cada uno lo merecido y necesitado, según el caso particular, con el agregado de poder dejar a la mayoría contenta, sólo el “malo” no comparte la alegría… Es más parecido a una fantasía y no a la realidad o, al menos a la realidad comprobable y tangible. Un claro ejemplo de este anhelo es el siguiente video, en donde un par de ranas o sapos tienen un duelo por el alimento, un duelo amañado, por cierto. Esperamos lo disfruten.