Elena Poniatowska habla sobre valores y México

Elena poniatowska solidaridad valores

  • Elenita Poniatowska, Rafa Muñoz, México y una reflexión sobre los valores.
  • El habla rica y fluída de una de las escritoras más reconocidas de nuestro país

  La solidaridad viene de la gente Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, su nombre completo, nació el 19 de mayo en París, Francia. Hija del príncipe Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowki, descendiente del rey polaco Estanislao II Poniatowki; hoy es un referente ineludible no sólo en la literatura mexicana, sino también en el más amplio ámbito cultural y social. Elenita, como se le conoce, tomó el teléfono para platicar con Rafael Muñoz acerca de México, de su gente y sus valores, les compartimos sus palabras, ágiles y certeras. Rafael Muñoz: En general, en la percepción que tenemos de la cultura, los valores y el carácter del mexicano, damos por sentado que somos solidarios, hospitalarios, que damos una bienvenida generosa a la gente que viene de fuera o está en dificultades; en efecto, ¿los mexicanos somos solidarios o es una idea que nos hemos inventado? Elena Poniatowska: Yo creo que en todas las catástrofes, los mexicanos somos muy solidarios, los pueblos suelen ser así. En 1985, quienes más se ayudaron entre sí, fue la gente que vivía, por ejemplo, en los edificios, los vecinos. Al señor que decía: “A las 7 de la mañana, antes del terremoto, mi esposa fue a comprar pan y no ha regresado”, le decían: “No se preocupe, compadrito, vamos a ayudarle, la vamos a sacar, ahorita traigo un pico, yo traigo una pala, ¿dónde dice usted que ella pasaba? Vamos a escarbar.” Era la misma gente que se ayudaba entre sí, la solidaridad vino de la gente misma, no vino del gobierno que no sabía qué hacer. Había un señor que era el alcalde de la ciudad de México en aquella época, Ramón Aguirre, que no tenía idea de cómo manejar las cosas; incluso vinieron de Francia los especialistas con sus perros y los llevaron a un hotel para que durmieran, cuando ellos estaban acostumbrados a ir luego luego al sitio del desastre y estaban azorados de que los confinaran a un hotel elegante cuando ellos no habían venido a dormir sino a trabajar. R.M.: ¿Piensa usted que la solidaridad sólo se ha expresado en esos momentos tan críticos como el del terremoto o que también forma parte de la vida cotidiana de México? E.P.: Yo creo que hay muchísima solidaridad entre la gente más pobre, aunque también hay demasiados robos que se cometen en las colonias marginales alrededor de la ciudad.  

“En 1985, quienes más se ayudaron entre sí, fueron la gente que vivía, por ejemplo, en los edificios, los vecinos.” Elena Poniatowska.

 

Algunas de sus obras son: Lilus Kikus; Hasta no verte, Jesús mío; La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral; Nada, nadie. Las voces del temblor; Tinísima; Las siete cabritas; La piel del cielo; El tren pasa primero; y su más reciente novela, Leonora.

 

La suerte de la gente

R.M.: Con respecto a esto que hace notar usted, ¿piensa que por la situación económica, las dificultades políticas, etcétera, ha habido un proceso de pérdida o erosión de valores?, ¿o no es así? E.P.: Bueno, yo creo que la corrupción ha hecho un daño horrible y que es la pérdida en la fe en los demás, a través de la mentira, saber que aquél que dice que va a hacer nunca lo hará; cuando alguien dice “Te lo entrego mañana a los dos de la tarde”, se sabe que no es cierto, que a lo mejor entregará hasta pasado mañana. La impuntualidad también es parte de la corrupción, y el no cumplir y el decir que se va a hacer lo que nadie hace finalmente. R.M.: ¿Usted piensa que el valor de la solidaridad se ha degradado por el proceso histórico de México, o no? E.P.: Claro que sí, yo creo que se ha degradado, a través de gobiernos corruptos a partir de Lázaro Cárdenas; también la vida de las instituciones… todo se ha degradado en nuestro país, es lo que estamos viviendo ahora. R.M.: Yo he leído recientemente algunos de sus libros y me llama la atención la expresión del valor de la solidaridad; por ejemplo en La noche de Tlatelolco, en Las voces del temblor, y eso lo contrasto un poco con otra experiencia de lectura reciente de Hasta no verte, Jesús mío. Me llama la atención cómo en una faceta se habla de estos movimientos más solidarios y, por otro lado, Jesusa Palancares es una mujer, pues muy sola, que lucha siempre a contracorriente. ¿La considera un caso aislado o la considera representativa de una situación generalizada en donde cada quien tiene que luchar por su cuenta? E.P.: Yo creo que sí, ella decía que cada quién se rascaba con sus uñas. Ella luchó en la Revolución y la Revolución no le dio nada a cambio de su entrega, no le ayudó en ningún momento, ella incluso le dijo a Carranza que no le pagara los haberes de su marido muerto durante la Revolución, se los aventó a la cara, en uno de los capítulos ella cuenta eso, y es verídico porque ella me lo dijo. No sé si ahora, después, sea distinto, pero ella vivió en una colonia muy pobre camino a Pachuca, y no sé si ahora hayan cambiado las condiciones para la gente que vive en la pobreza, pero creo que nosotros vemos a cada rato que son la carne de cañón de siempre, ellos son los que se inundan en época de lluvia, ellos son los que estallan cuando hay alguna explosión de gas porque están las instalaciones de las compañías de gas mal hechas, ¡en fin!, la suerte de la gente es tremenda.  

“Creo que la corrupción ha hecho un daño horrible y que es la pérdida en la fe en los demás.” Elena Poniatowska.

 

Le han otorgado el Doctorado Honoris Causa nueve universidades alrededor del mundo. También los premios con los cuales la han agasajado son numerosos, destacan el Premio Alfaguara de Novela 2001, el Premio Rómulo Gallegos 2007, y el Premio Biblioteca Breve 2011.

  R.M.: Vemos que hay esfuerzos de Organizaciones No Gubernamentales, de Agencias Internacionales, etcétera, que,  ante un gobierno que, la verdad no es muy activo, piensan desarrollar esfuerzos para mejorar la calidad vida de las personas. ¿Usted cree que en realidad esos esfuerzos están siendo significativos o que, como Jesusa, todos debemos valernos de nuestros propios medios? E.P.: Primero nosotros nos tenemos que salvar cada uno a sí mismo, esto es un principio religioso, se dice “Ayúdate que Dios te ayudará”. Tenemos que ayudarnos, no esperar, sobre todo gente como nosotros, que tenemos teléfono, que tenemos un cable telefónico que veo frente a mí, un aparato, podemos comunicarnos. Es indispensable, absolutamente, adquirir algún tipo de conocimiento. Yo creo que el más sencillo es saber hacer, enseñarle a la gente a hacer, enseñarnos a hacer. Una señora rica que se separa de su marido y no sabe hacer nada está mucho peor que una muchacha que por lo menos sabe hacer galletas, diario sale y las vende. Saber hacer te salva la vida, nosotros somos un país que necesitamos enseñar a saber hacer. En Chipilo, en Puebla, llegaron unos italianos que hacen quesos, crema, todo eso; ellos levantaron toda la región, se han hecho ricos. Ahora, no sé hasta qué grado les han enseñado a los mexicanos, pero algo han de haber… Si tú sabes hacer algo, lo que sea, mermelada, lo que sea, estás salvado. Nosotros dejamos que todo se nos pudra en el suelo. La época de los tejocotes, no sabemos hacer ates, no sabemos hacer nada; bueno ate sí ya sabemos, por eso cualquier cosa la cajeta de Celaya luego luego destaca, sobresale. Pero saber hacer yo creo que es el principio número uno de la educación en nuestro país. R.M.: ¿El remedio sería la educación como un medio para transmitir valores? E.P.: Sí, la educación pero una educación mucho más prolongada y mucho más amable para los niños. Es que muchos niños regresan a su casa y no tienen ni siquiera un pedacito de madera o una tablita, un lugar o una mesa para hacer la tarea. Hay muchos niños que no quieren regresar a su casa porque, por ejemplo, que la madre se volvió a casar y ahí está el padrastro que… o está la borrachera, en fin, la pobreza engendra muchísimas vicisitudes, penalidades, dolores, angustias… Y un niño que vive en la angustia desde pequeñísimo, es un niño que no puede volar, le cortan las alas. Un niño que no tiene la menor oportunidad cómo le va a hacer, con qué derecho le pedimos algo, ¿no?  

“Una señora rica que se separa de su marido y no sabe hacer nada está mucho peor que una muchacha que por lo menos sabe hacer galletas, diario sale y las vender.” Elena Poniatowska.

 

La Fundación Elena Poniatowska Amor tiene como misión preservar, organizar y difundir el archivo histórico de la escritora con el fin de instrumentar proyectos que desarrollen la cultura, fomenten el debate crítico de problemas socioculturales y sienten bases para el desarrollo autosustentable de grupos vulnerables.