Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje

 

El náufrago español Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje, es un ícono del encuentro de los dos mundos y del mexicano actual, ¡conócelo!

  • Gonzalo Guerrero sólo mantuvo fidelidad consigo mismo.

 Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje

En 1511 un barco con exploradores españoles naufragó cerca de Yucatán. Varios murieron, pero dos se salvaron: Jerónimo de Aguilar, quien sería un intérprete indispensable para el buen fin de la conquista de Hernán Cortés, y el otro se llamó Gonzalo Guerrero, un marinero nacido en Palos de la Frontera, Huelva, al sur de España… El mismo guerrero que moriría debido a una flecha de ballesta española, en Puerto de Caballos, Honduras. Llegaron a tierra firme y caminaron en busca de ayuda. Corrieron varias aventuras y de una u otra manera, los forasteros lograron salir con vida.

Después de capturados por los mayas cocome, uno de los caciques ofreció a Gonzalo como regalo para un señor indígena llamado Nanchan Can. Comenzaron a tratarse y pronto se tuvieron confianza. Gonzalo Guerrero llegó a ser jefe militar de los mayas y se casó con la hija de Nanchan Can, la princesa Zazil Ha. De esa unión nacieron varios niños mestizos: los primeros mexicanos. Cuando Hernán Cortés emprendió la conquista de México, Guerrero puso por delante el amor que le tenía a su familia y a su nuevo pueblo. Los conquistadores finalmente le quitaron la vida en una batalla en donde comandaba las fuerzas mayas.

De hecho, Francisco de Terrazas, el primer poeta de nombre conocido de Nueva España, en su largo poema épico Nuevo Mundo y Conquista, que ha llegado a nosotros de manera fragmentaria, le dedica un par de estrofas al padre de mestizaje desde la voz de su antiguo compañero, Jerónimo de Aguilar, que lo disfrutes.

 

“En Chetemal reside ahora Guerrero,

que así se llama el otro que ha quedado;

del grande Nachamacán es compañero

y con hermana suya está casado:

está muy rico y era marinero,

agora es capitán muy afamado:

cargado está de hijos, y háse puesto

al uso de la tierra cuerpo y gesto.

Rajadas trae las manos y la cara,

orejas y narices horadadas;

bien pudiera venir, si le agradara,

que a él también las cartas fueron dadas.

No sé si de vergüenza el venir para,

o porque allá raíces tiene echadas.

Así, se queda, y solo yo he venido,

porque él está ya en indio convertido.”

Francisco de Terrazas

Nuevo Mundo y Conquista (Fragmento).

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