Humildad, arrogancia y presunción

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Para que los hijos tengan clara la humildad, arrogancia y presunción son conceptos necesarios de definir, por ser sus opuestos.

Cuando amerita, es bueno preguntarse a uno mismo: ¿de qué carezco?

Seguramente conocemos personas que son incapaces de reconocer sus errores. Es posible que entre nuestra familia o entre los compañeros y compañeras del trabajo o del colegio haya algunos que pretenden tener siempre la razón, incluso cuando no es así. Por lo general, estos individuos no acostumbran disculparse ni admitir que se equivocaron. Casi siempre le echan la culpa a los demás o a las circunstancias. La humildad significa, entre otras cosas, aceptar nuestros errores y pedir perdón cuando es el caso.

El problema es que esto requiere valentía: no siempre es fácil decirle a alguien que actuamos de manera equivocada, que nos arrepentimos de haberlo hecho y que trataremos de que no vuelva a suceder. Hay quien piensa que decir todo esto es una debilidad. Sin embargo, se trata precisamente de lo contrario: es una muestra de fortaleza, valor y seguridad en nosotros mismos. Significa que no tememos decir la verdad y que poseemos la madurez suficiente para rectificar el camino y seguir adelante.

El extremo opuesto

El polo contrario de la humildad es la arrogancia. Ésta consiste en que las personas se crean capaces de todo por sí mismas, piensen que están por encima de los demás, desprecien a quienes consideran por debajo de ellas y exageren su importancia. Es común que sólo busquen su provecho, que crean que el mundo gira a su alrededor y den valor a asuntos que no lo tienen. Son incapaces de hacer algo por los demás y de reconocer sus propios defectos.

Dime de qué presumes…

Una persona humilde o modesta tiene clara la verdad de los valores que la distinguen y el alcance de éstos. En este sentido, se encuentra segura de sí misma. El reconocimiento exterior se sitúa en un segundo plano. Eso le proporciona independencia, seguridad y fortaleza: se mantiene en la línea de su esfuerzo, no necesita que le aplaudan o la elogien. Una persona pretenciosa o presumida tiene la permanente necesidad del reconocimiento ajeno porque no está segura de su propio valor. Tiende a recurrir a valores ficticios para conquistar la aprobación de los demás. Es una gente insegura que vive del reconocimiento ajeno. Pierde el tiempo. En vez de luchar por los aplausos, haría mejor en hallar una línea continua de esfuerzo y avanzar por ella.

Conversa con nosotros sobre el valor del mes de abril: la Humildad, en las redes sociales de Fundación Televisa en @fundtelevisa y en www.facebook.com/fundaciontelevisa.tieneselvalor

 
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