La hazaña de Charles Lindbergh

La hazaña de Charles Lindbergh requirió de mucha confianza en sí mismo, en definitiva un ejemplo de Gente con Valor.

  • Una proeza digna de un héroe, así fue la travesía de Lindbergh.

 

Charles Augustus Lindbergh, el piloto

 

Hoy cruzar los mares a bordo de un avión nos parece muy natural y para miles de personas es una experiencia común, segura y confortable. Pero lograrlo por primera vez fue una hazaña increíble. Una hazaña que sólo fue posible gracias al valor y la confianza en sí mismo de Charles Lindebergh. El máximo logro de su carrera, el primer vuelo de la historia entre Estados Unidos y Europa, exigió la superación de enormes temores y obstáculos y se convirtió en una gran historia de realización personal con consecuencias muy positivas e históricas para la humanidad.

Desde  niño Charles Augustus Lindbergh (1902-1974) tuvo gran interés por los automóviles y los aviones. En 1922 abandonó la carrera de ingeniería y se inscribió en una escuela de vuelo en Nebraska. Voló por primera vez como pasajero el primero de abril de 1922. Su vuelo inaugural como piloto y único ocupante de la nave tuvo lugar un año después. Los viajes eran cortos y llenos de dificultades, la tecnología de las naves apenas estaba desarrollada y el propio Lindbergh se encargaba de repararlas. El principal riesgo eran los accidentes. En junio de 1923 sufrió un percance a bordo de su aeroplano Jenny que cayó en una zanja.

En los años que siguieron continuó su entrenamiento con el Servicio Aéreo de la Armada de Estados Unidos. El 5 de marzo de 1925, una semana antes de graduarse, sufrió un accidente más grave: un choque con otra nave en pleno aire. Sin embargo, sobrevivió, consiguió graduarse, avanzó en sus prácticas de vuelo y trabajó en el correo aéreo. En aquella época el millonario dueño de hoteles Raymond Orteig ofreció un premio de 25 mil dólares al piloto que lograra realizar un vuelo sin escalas entre las ciudades de Nueva York y París, atravesando el Océano Atlántico. El concurso llamó la atención de varios pilotos más reconocidos y experimentados que Lindbergh, quien además era el más joven. Además de ello, éste decidió participar, solicitó un préstamo bancario y sumó sus escasos ahorros para adquirir su propia nave: el Espíritu de San Luis, un avión de una sola plaza construido en San Diego, California. Su desafío era enorme: antes de él seis pilotos habían muerto en el intento de lograrlo.

 

“Si tuviera que elegir, preferiría tener pájaros que aeroplanos.” Charles Lindbergh

 

La hazaña de Charles Lindbergh

Lindbergh despegó del Campo Roosvelt, en Nueva York, a las 07:52 del 20 de mayo de 1927. Su vuelo estuvo lleno de peligros: tuvo que librar densas nubes de tormenta, avanzar a ciegas entre la neblina y, por momentos, guiarse sólo por las estrellas. Disponía de instrumentos de navegación muy elementales y en ocasiones tenía que valerse sólo de sus conocimientos e intuición.

Después de casi 34 horas de vuelo aterrizó en el aeropuerto Le Bourget de París a las 22:10 del día 21 de mayo. El avión había sufrido sólo algunos daños menores y él estaba sano y salvo. En la terminal aérea lo estaban esperando cerca de 150 mil personas; en cuanto Lindbergh bajó del avión lo cargaron en hombros y lo aclamaron por más de un hora. El piloto saltó de inmediato a la fama, su hazaña motivó que miles de personas confiaran en los aviones como medios de transporte y que se aceleraran los progresos en su construcción y uso. La clave de su triunfo fue confiar en sí mismo.

 

“Yo estaba asombrado por el efecto que mi aterrizaje con éxito en Francia sobre las naciones del mundo. Para mí, fue como si una cerilla encendiera una hoguera.” Charles Lindbergh

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