La prudencia en la práctica

  Hay quienes juzgan a las personas prudentes de manera equivocada. Consideran que son miedosos o indecisos. Hay que dejar muy claro que la prudencia no significa temor a actuar o incapacidad para tomar decisiones. La gente prudente también actúa y decide. De hecho, sus acciones y resoluciones suelen ser mejores que las de aquellos que simplemente se lanzan hacia delante sin fijarse dónde pisan. Quienes practican este valor son cautelosos; es decir, piensan bien lo que van a hacer y a decir, y luego avanzan con paso firme hacia sus objetivos. Es verdad que la prudencia no evita que llegues a cometer errores, pero sí te ayuda a que dichos errores no sean tan graves. Así pues, en vez de apresurarte a hacer las cosas, detente un momento (sobre todo cuando estés apunto de tomar una decisión importante), respira hondo y tómate el tiempo necesario para pensar en las consecuencias de tus actos.

 

Vamos a actuar
 
Analiza tu conducta y pregúntate si eres una persona prudente o, por el contrario, vives exponiéndote al peligro sin necesidad? Antes de decir algo que creas que va a molestar o a herir a otra persona piensa si tienes razón o si existe otra manera de expresarlo. Investiga cuáles son las reglas de seguridad que existen en la escuela en caso de incendio, sismo u otros sucesos imprevistos.
 
 
El valor de ser padres...
Todos deseamos criar hijos seguros de sí mismos, que sepan lo que quieren de la vida y no le teman al futuro. Los animamos a ser cada día más independientes y a hacer las cosas por sí mismos. En dicho proceso, la prudencia cumple una función esencial, pues les enseña a los niños y las niñas a ser juiciosos y actuar con mesura. Este valor, cuando es bien comprendido por los pequeños, no representa un freno a su impulso vital, sino una guía para tomar decisiones más acertadas y para mejorar el trato hacia los demás.
Enseñe a sus hijos a actuar con precaución dentro y fuera del hogar. Si son pequeños no deje al alcance de su mano cerillos o sustancias peligrosas. Enséñeles a ser corteses; la cortesía es una de las formas de la prudencia. La prudencia se aprende de los padres; sea un ejemplo para sus hijos.