Cuentos

La rosa amarilla: cuento de empatía

Cuento de empatía

Una tarde de invierno, poco antes de cerrar la sastreri?a, el sen?or Funes se sento? a tomar una taza de cafe? ante a la ventana. El viento golpeaba sin piedad el rostro de los transeu?ntes. Todos caminaban con prisa, como queriendo llegar pronto a casa. El sen?or Funes se alegro? de encontrarse en su taller, calientito y protegido, en lugar de estar en la calle a merced del fri?o. En cuanto bajara la cortina del negocio, subiri?a al primer piso, donde estaba su casa. Alli? cenari?a con su mujer. Ese di?a por la man?ana ambos habi?a discutido y el sen?or Funes esperaba que ella ya no estuviera molesta con e?l. No le gustaba verla disgustada. En ese momento, el sen?or Funes vio a un hombre que estaba en la esquina con varios ramos de rosas en las manos. Cada vez que la luz roja brillaba en el sema?foro, el sujeto caminaba entre los autos ofreciendo las flores que nadie le compraba. El sastre observo? con cuidado al vendedor. Le calculo? unos cuarenta an?os (la misma edad que teni?a e?l), era moreno y flaco (igual que e?l), y llevaba puesto un delgado sue?ter y una vieja bufanda. El sen?or Funes imagino? co?mo se sentiri?a estar en el lugar de aquel desconocido. Se vio a si? mismo caminando entre los autos tratando de vender rosas. E?l era muy friolento. No habri?a soportado estar en la calle con ese clima y menos au?n con un sue?ter asi? de delgado. El sujeto caminaba con los hombros encogidos y temblaba. Eso provoco? que el sastre sintiera un estremecimiento y decidio? ayudarlo. Fue hasta un pequen?o ropero donde guardaba las prendas recie?n terminadas y tomo? un abrigo. Lo habi?a confeccionado para un cliente importante, pero se dijo que podi?a hacer otro luego. Tras cubrirse bien, salio? de su tienda y cruzo? la avenida. Se aproximo? al vendedor para regalarle la prenda. E?ste agradecio? el obsequio, pero lo rechazo?. “Es usted muy generoso, caballero, pero lo poco que tengo me lo he ganado con mi esfuerzo y asi? quiero seguir.”
El sen?or Funes se quedo? ato?nito. No esperaba esa respuesta. Entonces, el vendedor le hizo una propuesta: “No puedo aceptar regalos, pero si? puedo hacer un trueque con usted.” El sen?or Moran le pregunto? a que? se referi?a. “Muy sencillo. Le cambio ese abrigo por una rosa amarilla.” El sastre penso? que canjear un fino saco de pana por una humilde rosa era un intercambio muy desigual. Sin embargo acepto?, pues de todas maneras, pensaba regalarle el saco. Adema?s, comenzaba a sentir mucho fri?o y lo u?nico que deseaba era regresar al calor del taller. Una vez dentro, no supo que? hacer con la rosa. Bajo? la cortina y subio? la escalera con ella. Arriba lo esperaba su esposa. Au?n estaba molesta, pero al ver la rosa se le ilumino? el rostro. “¡Ay, mi amor! ¡Que? tierno detalle!”, exclamo? ella y le dio un abrazo. Fue asi? como el acto de generosidad del sastre sirvio? para hacer felices a tres personas: al vendedor de flores, a la esposa del sen?or Funes y al propio sen?or Funes.
 
¿y tu? que? piensas...?
• ¿Consideras que el sastre de este cuento es una buena persona?
• ¿Que? crees que haya motivado al sen?or Funes a regalarle el abrigo al vendedor de flores?
• ¿Consideras va?lida la razo?n que dio el vendedor para rechazar el abrigo?
• ¿Piensas que si el protagonista del relato no se hubiera identificado con el otro sujeto le habri?a obsequiado la prenda?