Los tendederos, una amistad que inicia con el perdón
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Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

 

Los tendederos

En un Viejo barrio de San Luis Potosí vivía, hace más de un siglo, una esforzada mujer llamada María, con su esposo Galindo y sus seis hijos. Le gustaba que su modesta casa siempre estuviera limpia y que los pequeños lucieran impecables. Todos los días, cuando Galindo se iba a trabajar, María se ponía a lavar un montón de ropa en los lavaderos de la vecindad. Era un esfuerzo muy pesado, pero se sentía feliz cuando terminaba de hacerlo. Un día estaba especialmente agotada. Así que cuando acabó de enjuagar sus camisas, sábanas y manteles, los colgó en dos tendederos colocados de un lado al otro del patio y fue a recostarse. Un momento después llegó a la vecindad la señora Angélica, una mujer enojada que vivía sola con su esposo, pues no tenían hijos. Aquel día andaba de mal humor y la enfureció ver la ropa en los tendederos. - ¡Es increíble que la gente obstruya el paso con tanto roperío! ¡Pero no volverá a pasar! –gritó muuuy airada aunque nadie la oyera. Fue a su casa por unas Tijeras y cortó los lazos de los dos tendederos. La ropa cayó al suelo y quedó más sucia que nunca. Cuando despertó y salió al patio, María hallo las prendas en el piso. Sintió tristeza y no tardó en darse cuenta que Angélica las había tirado. Pensó en ir a reclamarle, pero reflexionó: “Allá ella, se ha ido amargando de tanto estar sola y por eso hace cosas así”. Angélica miraba todo desde su ventana, temerosa de la venganza de María. La sorprendió mucho que ésta, en vez de ir a pedirle cuentas, se pusiera a lavar de nuevo todas las prendas. “De seguro está esperando a que su esposo llegue del trabajo para acusarme con él”, se dijo. Pero eso tampoco ocurrió. María pensó que si le contaba a su esposo daría lugar a un pleito más grande que no iba a remediar nada. “Si me vengo de esa pobre sólo hare que sea cada vez peor”, concluyó. Admirada al ver que no pasaba nada, Angélica se arrepintió de lo que había hecho y al día siguiente fue a visitar a María para ofrecerle una disculpa. -Estaba segura de que te ibas a vengar de mí –le dijo. -No lo hice porque no gano nada si te devuelvo mal con mal. Quedaría tan sucia como la ropa que tiraste –le explicó María. -Perdóname –suplicó Angélica-, como en mi familia solo somos dos, te prometo ayudarte a lavar toda la ropa de tus muchachos. -Y yo te ofrezco algo a cambio –respondió María- todas las tardes puedes venir a casa para estar con nosotros. Así no te sentirás sola. Muchos años después, cuando ambas mujeres eran viudas y ancianas, solían recordar con lágrimas cómo había surgido su hermosa amistad.  

Para reflexionar

  • - ¿María obtuvo algo al perdonar?
  • - ¿Por qué María decidió no compartir su decisión?
  • - ¿De qué se dio cuenta Angélica con la actitud de María?
  • - ¿Crees que María hizo bien?
 

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