Reflexionemos en el aula sobre el perdón: El loro pelado
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Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los estudiantes.

El loro pelado

En el monte vivía una bandada de loros muy ruidosos y discutidores. Por las mañanas comían elotes y, por las tardes, naranjas. En el grupo siempre había un vigía que, desde lo alto de un árbol, detectaba la presencia de cualquier intruso. Una mañana un campesino de la hacienda cercana le disparó un tiro al vigía porque quería prepararlo en un guiso. Éste cayó herido al suelo y el campesino lo atrapó; le dio pena matarlo y lo llevó a la hacienda como regalo a los hijos del patrón. Se dieron cuenta de que sólo tenía un ala lastimada y lo curaron hasta que sanó. Lo llamaron Pedrito y lo domesticaron por completo: sabía dar la pata, se posaba en los hombros de los invitados y aprendió a hacer cosquillas con sus plumas. Logró hablar tan bien que podía sostener una conversación y todas las tardes tomaba el té con los invitados.   Una mañana, después de varios días de lluvia, el cielo amaneció despejado y el tal Pedrito se alejó volando hasta encontrar las aguas del río Paraná. Entre la densa vegetación vio brillar los ojos de un tigre y se le hizo fácil invitarlo a que tomaran el té. Feroz como era, el tigre pensó que se trataba de una burla y se lanzó sobre él para atraparlo. Sin embargo, sólo logró quitarle algunas plumas del lomo y todas las de la cola. A duras penas Pedrito voló hasta la hacienda. Cuando llegó pensó que todos se reirían y se burlarían de él al verlo desplumado. Por lo tanto, se escondió en el tronco de un eucalipto y se quedó allí, quieto y en silencio. Apenas se asomaba por las noches para buscar un poco de agua y alimento, se miraba en el espejo de la cocinera y luego volvía a refugiarse en su escondite. Los niños de la casa estaban muy tristes desde que Pedrito se había perdido. Pensaban que nunca más volverían a verlo y lo recordaban siempre a la hora del té. Estaban seguros de que había muerto.   Aunque él sabía lo apenados que estaban, se negaba a aparecer pelado como un ratón. Pero pasó el tiempo y sus plumas crecieron de nuevo con colores intensos y brillantes. ¡Nunca habían lucido tan hermosas! Así que un día hizo su aparición en la casa, justo a la hora del té. La familia entera se quería morir de tanta felicidad por ver otra vez a su mascota consentida. Él no les dio mayores explicaciones y habló poco.   A la mañana siguiente Pedrito fue a buscar al padre de la familia, se posó en su hombro y comenzó a contarle lo que realmente le había pasado. El dueño de la casa se horrorizó al escuchar sobre el ataque del tigre y Pedrito lo convenció de que se vengaran de él. Casualmente, el padre necesitaba una piel de tigre para la casa y apoyó la mala idea. Así pues, salieron de viaje y llegaron al sitio donde habían ocurrido los acontecimientos anteriores, donde pronto divisaron al tigre. Usando su gran habilidad para engañar Pedrito logró atraerlo; escondido entre las ramas, el dueño de la casa le disparó con la escopeta y logró abatirlo. El loro pegaba gritos de alegría pues se había vengado de su enemigo.   Cuando volvieron a la casa y contaron a la familia lo que había ocurrido, todos los felicitaron pues pensaban que así había que proceder con los enemigos. Sólo uno de los niños, el más pequeño, permaneció callado en un rincón. “¿Qué te pasa, pequeño?” preguntó su madre. “Ya no quiero tomar el té con Pedrito. Me da miedo porque no sabe perdonar.”  

Para reflexionar

  • - ¿Piensas que el tigre actuó correctamente al atacar a Pedrito?
  • - ¿Crees que Pedrito era vanidoso?
  • - ¿Consideras que el padre de familia hizo bien al ayudarlo a vengarse?
  • - ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar?
  • - Si Pedrito fuera tu mascota, ¿seguirías confiando en él después de lo que hizo?
  • - Si el loro era tan vengativo, ¿por qué no hizo nada contra el campesino que lo hirió al inicio de la historia?
 

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