Ser honestos ante la posibilidad de ser deshonestos, ¿será esto la autoevaluación?

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De estudiante me parecía un regalo, como docente, todo un reto, te platico.

 

¿Qué está en juego en la autoevaluación? En verdad.

Autoevaluación, es una palabra a la que como estudiante le tengo desconfianza, ¿en verdad habrá honestidad al ponerse la calificación? La pregunta resuena dentro de mi cabeza. Y es de esperarse porque la enseñanza “tradicional” ni siquiera la considera como posibilidad real: la verdad es que imaginar a cualquiera de mis profesoras en la primaria intentando implementar una autoevaluación me hace reír, porque ¿qué harían con Mengano cuando se pusiera una A+? O ¿qué le dirían a Zutano, cuando dijera que no es justo, que todos sacarían 10 aún sin cumplir las tareas? Ahora ya no río porque me doy cuenta que el fomento de la autoevaluación es necesaria y tiene la mayor trascendencia debido a su relación con el valor de la honestidad, con esa capacidad de saber dentro de uno mismo lo que es decente y lo que no, ¿cómo podría alguien, sin ser observado, decidirse por hacer lo correcto si no ha tenido la oportunidad de aprenderlo, si nadie la ha dicho cómo debe actuar, si nadie le ha puesto el ejemplo? No es una tarea fácil, pero la gloria no se consigue durante el receso.  

Construir la autoevaluación: La rúbrica

Autoevaluación, un concepto que como docente me entusiasma. Porque casi siempre mis estudiantes tienen una idea tan equivocada que me evita lidiar con el desinterés, y cuando se dan cuenta de lo que se trata, su nivel de compromiso es tal que no hace falta discutir los números. Para tener éxito necesitamos establecer una comunicación clara. Entonces comienzo con el grupo una charla que continuará por todo el curso sobre cuales son los objetivos y lo que se espera como resultado, cuáles son las partes y cómo debería estar elaborado el trabajo final. Les voy presentando ejemplos y los analizamos entre todos; es cuando aprovecho para limar algunas astillas que siempre existen, como: “¿Se imaginan cuánto decaerían las obras de José Emilio Pacheco sin claridad?”, y lo mismo con las faltas de ortografía y la presentación. Poco a poco, casi sin querer construimos en el aula y entre todos una rúbrica, es decir una matriz de valoración, un instrumento de evaluación con los criterios acordados entre todos. Y entonces sí, los dejo autoevaluarse al final de curso, a partir de los acuerdos representados en la rúbrica, todos (ellos y yo mismo) tenemos las herramientas para poder evaluar nuestro desempeño con honestidad porque sabemos contra qué comparar nuestros resultados.   Tampoco es que haya que inventar el hilo negro, existe bibliografía, software, incluso sitios web para crear rúbricas como RubiStar; aunque la verdad, no hay cómo darle vuelo a la creatividad a la hora de crear esta matriz. El video tutorial que el profesor colombiano Alejandro Franco ha colgado en youtube también es una buena orientación a la hora de preguntarse por dónde empezar a construir este instrumento, te lo comparto:  

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