El niño de la espina

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La leyenda de El niño de la espina enseña fidelidad y responsabilidad, es la historia de alguien que sabe cumplir con su deber pese a su comodidad.

- Al final hay unas preguntas para reflexionar con los hijos.

Existe una famosa escultura creada en la Roma antigua y copiada decenas de veces por distintos artistas. Representa a un chico de unos trece o catorce años que aparece sentado sobre una roca, tiene la pierna izquierda cruzada sobre el muslo derecho, inclina la cabeza y mira con atención la planta de su pie, como buscando algo en ella. Está tratando de hallar una espina que se le clavó en la piel, pues andaba descalzo y lo lastima.

Conocida como El espinario o El niño de la espina, es posible hallarla en diferentes museos del mundo (como el Museo del Prado en Madrid, España; la colección Uffizi de Florencia, Italia; el Museo del Louvre, en París; el Museo Británico, en Gran Bretaña; el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, y los Museos Capitolinos de Roma) en copias hechas de bronce, mármol y otros materiales. A veces también aparece representado en pinturas o en las fuentes de hermosos jardines.

¿Quién fué Fidelino?

La identidad de este chico, al que también se le llama Fidelino, ha intrigado a los historiadores del arte desde hace siglos y éstos tratan de entender por qué aparece en esa situación. Lo que más sorprende al verlo es su rostro, en el que no hay ninguna señal de dolor a pesar de la molestia que tiene en su pie. Si te has clavado una espina bien sabes lo doloroso e incómodo que puede ser y si es en el pie incluso puede impedir que camines.

Existe una leyenda que explica el origen de esta estatua y nos remonta a la antigua Roma y a sus senadores, el grupo de funcionarios encargados de tomar decisiones relacionadas con asuntos religiosos, conflictos entre magistrados, temas de seguridad, políticos, financieros y militares. Era común que desde los confines del Imperio les enviaran comunicaciones sobre temas de Estado a través de una complicada red de caballos, jinetes y hombres que caminaban por las carreteras conocidas como cursus publicus. Era el único recurso para compartir información cuando los datos no podían transmitirse tan fácilmente como ahora, gracias a las computadoras.

La espina y el deber

En una ocasión resultaba indispensable comunicar al senado un mensaje importante desde un remoto lugar del Imperio y no había caballos ni mensajeros. La única persona que estaba a la mano era un joven pastorcillo llamado Cneo Martius. El chico aceptó, comenzó a correr, perdió el calzado en algún punto del camino y, por accidente, se clavó una espina en el pie. Sin embargo, no se detuvo y siguió corriendo hasta cumplir su misión. Una vez que entregó el mensaje se sentó a la orilla del camino y, con paciencia, se quitó la espina. El jovencito había dado un ejemplo de fidelidad, heroísmo y responsabilidad que muchos artistas quisieron difundir y mantener vivo. Es por eso que hoy podemos verlo en tantos museos del mundo.

Para platicar con los hijos

  • ¿Te parece bien que le hayan dado una tarea tan importante a Cneo Martius?
  • Si estuvieras en su lugar, ¿hubieras aceptado el encargo?
  • ¿Alguna vez te has aguantado un dolor o molestia con tal de cumplir una meta o hacer un favor?
  • ¿Hasta qué punto vale la pena soportar una dificultad por llevar a término una tarea?
  • ¡Busca una imagen del Espinario y dibújalo en tu cuaderno!
 

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