El espíritu de equipo

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El trabajo grupal se vuelve más productivo y satisfactorio cuando todos los que lo integran han adoptado el espíritu de equipo, así es en las Olimpiadas.

Espíritu de equipo y olimpismo, ¿qué tienen que ver?

 

Los Juegos Olímpicos, desde su inicio, han sido un ejemplo de solidaridad pues su realización sólo resulta posible gracias al esfuerzo de decenas de naciones y cientos de individuos que dan juntos lo mejor de sí con el propósito de celebrarlos. Después de superar tensiones políticas y diplomáticas hoy toman parte en ellos casi todos los países del mundo. La delegación correspondiente a cada uno comparte la responsabilidad y el esfuerzo de representar a su nación ante el mundo y llevar buenos resultados de regreso. Cuando es así los participantes son recibidos como auténticos héroes.

Sin embargo, hay todavía una expresión más clara y directa de la solidaridad en la esencia de los deportes mismos: el juego en equipo. Aunque existen prácticas individuales donde todo depende de una persona y de quienes la ayudaron a entrenarse (la halterofilia es uno de ellos), hay otras en que el desempeño individual cuenta para un resultado de conjunto (como el nado sincronizado o el patinaje sobre hielo en parejas, en los Juegos de Invierno). Hay también un grupo de deportes cuya esencia misma es la cooperación de los miembros de un equipo que puede ser numeroso. El buen resultado sólo es posible cuando éstos se coordinan y se entregan a una causa común.

Con seguridad tú mismo identificas varios de ellos, empezando por el futbol que practicas, pero hay muchos más. El Comité Olímpico Internacional reconoce, entre otros, el baloncesto (o básquetbol), el balonmano, el voleibol, el waterpolo (cuyo objetivo es anotar goles en una piscina), el hockey sobre césped y sobre hielo (en el que se enfrentan dos equipos para hacer el mayor número de anotaciones), las diferentes variedades de piragüismo y remo (en las que los participantes luchan por hacer avanzar sus vehículos por el agua), el voleibol y el voleibol de playa.

El número de integrantes es variable de acuerdo con la disciplina. Su diversidad nos demuestra que en todos los espacios y circunstancias existen oportunidades para el trabajo en equipo y la coordinación de habilidades. Un deporte eliminado del programa, el “juego de la soga”, es tal vez la muestra más visible del esfuerzo compartido: dos equipos de ocho personas tiran de una cuerda buscando jalar al equipo opositor hasta una marca central. En él resulta claro que, cuando suman su esfuerzo, ocho personas juntas tienen más fuerza que ocho personas separadas. Más allá de obtener la victoria, los practicantes de los deportes en equipo adquieren sólidos vínculos de compromiso y concordia.

 

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