Cuento de la semana

Tolerancia

“Nada resulta más atractivo en un individuo que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.”

Cicerón

Orador y filósofo romano (106 a. C.-43 a. C.)

¡Qué molestia, qué molestia!

  • Cierta tarde, el señor Tadeo Melindre salió de su oficina bastante molesto. Durante casi toda la jornada tuvo que aguantar a uno de sus compañeros de trabajo, quién le estuvo contando sobre sus vacaciones. Sin importarle lo aburrido de su plática, el tipo relató con todo detalle lo bien que él y su familia se la habían pasado en la playa, lo rico que comieron y lo mucho que descansaron.

    “¡Qué molestia, qué molestia!”, pensaba el señor Melindre mientras lo escuchaba y fingía sonreír. El autobús que solía tomar el señor Melindre para volver a casa tardó en pasar más de lo acostumbrado, lo cual sólo sirvió para aumentar su enojo. Cuando finalmente pudo abordarlo se dio cuenta con fastidio de que el chofer iba escuchando canciones rancheras en la radio. Ese género siempre le había parecido desagradable. Consideró que era un abuso por parte del conductor obligarlo a soportar aquello. “¡Qué molestia, qué molestia!”, se dijo mientras torcía la boca.

  • De inmediato se dirigió al fondo del autobús con la es- peranza de que la música no llegara hasta allí. En cuanto tomó asiento se dio cuenta de que a su lado viajaba una señora como de su edad que olía a violetas. Pocas cosas odiaba tanto el señor Melindre que los perfumes con esencia de violetas. Le parecían nauseabundos. “¡Qué molestia, qué molestia!”, dijo para sí y se tapó la nariz con un pañuelo. Como el olor persistía, se puso de pie para cambiarse de lugar.

    El señor Melindre descendió del transporte y caminó rumbo a su casa. En la misma calle del edificio donde vivía estaba instalado un puesto de quesadillas. No sólo odiaba el olor que emergía del puesto, sino también a la multitud que iba a comer allí y bloqueaba el paso. “¡Qué molestia, qué molestia!”, se lamentó el señor Melindre bajándose de la banqueta para no pasar frente al puesto.

  • Cuando entró en su departamento y cerró la puerta, respiró aliviado. ¡Por fin estaba en casa! Dejó el portafolios en un rincón, se quitó los zapatos y se calzó sus pantuflas. Luego se sirvió un vaso de jugo de tomate y puso música con el fin de relajarse y olvidar las malas experiencias del día. “Por qué hay tanta gente que se esfuerza en amargarme la existencia”, pensó. De las bocinas surgió la voz de su cantante favorito interpretando una dulce canción de amor.

    Abrió la ventana del balcón e, inspirado por los acordes de la melodía, se puso a cantar. Siembre había considerado que tenía buena voz. De hecho, alguna vez soñó con dedicarse a la música. El señor Melindre estuvo cantando durante un rato hasta que fue interrum- pido por una voz: “¡Qué molestia, qué molestia!”, exclamó el vecino del piso de abajo antes de cerrar su balcón de un golpe.

  • ¿Y tú qué piensas...?

    ¿Qué opinas de la actitud del señor Melindre?

    ¿Conoces a alguien como él?

    ¿Qué tiene que ver el tema de la tolerancia con este cuento?

Ver narración

Aceptar a los otros tal como son

Los seres humanos somos muy distintos los unos de los otros. Nuestros gustos y preferencias varían mucho. Algunos comen cosas que a otros les desagradan. Hay quienes se visten de una determinada manera, tienen su propia forma de divertirse o de relajarse.

Casi todos tenemos un color favorito, una serie de televisión que nos encanta o un equipo de futbol al que consideramos el mejor del mundo, aunque a otros no les parezca así. Estas diferencias también tienen que ver con la manera en la que los individuos eligen vivir.

A veces tales elecciones no son del agrado de otras personas, quienes se sienten ofendidas o consideran que eso no es “normal”. Uno de los requisitos para la paz es la tolerancia. Este valor nos enseña a aceptar y respetar las diferencias entre los ciudadanos, incluso si no las compartimos. Cuando reconocemos que cada quién es distinto, que siempre habrá personas que no compartan los mismos puntos de vista y preferencias estamos practicando la tolerancia. Así, este valor nos ayuda a llevarnos mejor con los otros y aceptarlos tal como son.

Pero eso no es todo, la tolerancia también nos permite apreciar y aprender de las diferencias. Ser diferentes es creer que no existe solo una forma de hacer las cosas y que hay muchas maneras de vivir, amar y ser feliz.

Es importante aclarar que este valor tiene sus límites. No podemos ni debemos ser tolerantes con aquellos que dañan a los demás.

Por el contrario, hay que ser firmes en nuestro rechazo hacia todas aquellas acciones, actitudes y manifestaciones que atenten contra la integridad y la dignidad humanas. Dicho de otra forma, no se puede practicar la tolerancia frente a fenómenos tales como la agresividad, el acoso, el machismo, la discriminación y la exclusión.

¿Y tú qué piensas...?

¿Qué significa para ti la tolerancia?

¿Por qué crees que hay personas que no toleran a aquellos que son diferentes?

¿Se debe ser tolerante con las personas intolerantes?

Un defensor de la tolerancia

Uno de los grandes defensores de la tolerancia fue el escritor y filósofo francés Voltaire (1694- 1778). Para este hombre, pocas cosas había tan dañinas para los seres humanos como el fanatismo. El fanático es aquel que cree ciegamente que tiene la razón y no está dispuesto a escuchar las opiniones ajenas. Por el contrario, el individuo tolerante es quien reconoce el derecho de los demás a ser escuchados y a que se les tome en cuenta. En su libro Tratado sobre la tolerancia afirma que este valor es una manifestación de respeto hacia quienes nos rodean y una de las mejores maneras de mantener la paz. Hay que ser tolerantes con lo que piensan los demás, aun si no estamos de acuerdo con ellos. “Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías”, afirmaba.

Los seres humanos somos muy distintos los unos de los otros. Nuestros gustos y preferencias varían mucho. Algunos comen cosas que a otros les desagradan. Hay quienes se visten de una determinada manera, tienen su propia forma de divertirse o de relajarse.

Casi todos tenemos un color favorito, una serie de televisión que nos encanta o un equipo de futbol al que consideramos el mejor del mundo, aunque a otros no les parezca así. Estas diferencias también tienen que ver con la manera en la que los individuos eligen vivir.

A veces tales elecciones no son del agrado de otras personas, quienes se sienten ofendidas o consideran que eso no es “normal”. Uno de los requisitos para la paz es la tolerancia. Este valor nos enseña a aceptar y respetar las diferencias entre los ciudadanos, incluso si no las compartimos. Cuando reconocemos que cada quién es distinto, que siempre habrá personas que no compartan los mismos puntos de vista y preferencias estamos practicando la tolerancia. Así, este valor nos ayuda a llevarnos mejor con los otros y aceptarlos tal como son.

Pero eso no es todo, la tolerancia también nos permite apreciar y aprender de las diferencias. Ser diferentes es creer que no existe solo una forma de hacer las cosas y que hay muchas maneras de vivir, amar y ser feliz.

Es importante aclarar que este valor tiene sus límites. No podemos ni debemos ser tolerantes con aquellos que dañan a los demás.

Por el contrario, hay que ser firmes en nuestro rechazo hacia todas aquellas acciones, actitudes y manifestaciones que atenten contra la integridad y la dignidad humanas. Dicho de otra forma, no se puede practicar la tolerancia frente a fenómenos tales como la agresividad, el acoso, el machismo, la discriminación y la exclusión.

¿Y tú qué piensas...?

¿Qué significa para ti la tolerancia?

¿Por qué crees que hay personas que no toleran a aquellos que son diferentes?

¿Se debe ser tolerante con las personas intolerantes?

Uno de los grandes defensores de la tolerancia fue el escritor y filósofo francés Voltaire (1694- 1778). Para este hombre, pocas cosas había tan dañinas para los seres humanos como el fanatismo. El fanático es aquel que cree ciegamente que tiene la razón y no está dispuesto a escuchar las opiniones ajenas. Por el contrario, el individuo tolerante es quien reconoce el derecho de los demás a ser escuchados y a que se les tome en cuenta. En su libro Tratado sobre la tolerancia afirma que este valor es una manifestación de respeto hacia quienes nos rodean y una de las mejores maneras de mantener la paz. Hay que ser tolerantes con lo que piensan los demás, aun si no estamos de acuerdo con ellos. “Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías”, afirmaba.

  • Está en tus manos

    ¿Te has fijado lo diverso que es México? Aquí convivimos personas de distintos orígenes culturales, étnicos y geográficos. No existe un solo tipo de mexicano, sino muchos. También existen muchas formas de pensar y de ver la vida. Sin embargo, todos merecemos la misma consideración y las mismas oportunidades para expresarnos. ¿Cómo tratas a tus compañeros de escuela? ¿Aceptas las diferencias que hay entre ustedes? ¿Respetas sus opiniones, creencias o prácticas? No necesitas estar de acuerdo en todo con quienes te rodean, pues cada quien tiene su forma de pensar. Sin embargo, aunque no estés de acuerdo con otras personas, estás obligado a respetar a quienes no opinan como tú o actúan de forma diferente. Ése es el principio de la tolerancia.

  • También los mayores

    El fanatismo, la exclusión, la discrimi- nación y la desaprobación de aquellos que no comparten nuestras opiniones y criterios son algunos ejemplos de intolerancia. Lo triste es que tales actitudes son transmitidas de padres a hijos y de maestros a alumnos. Muchos de nuestros prejuicios se los heredamos a nuestros descendientes y, en el caso de los maestros, a sus estudiantes. Esto lo hacemos a través de nuestros comentarios y acciones (casi siempre sin darnos cuenta). Por eso es importante que los adultos revisemos de manera continua nuestros criterios de valor en relación con el mundo que nos rodea. Por ejemplo, ¿en qué términos nos referimos a los indígenas, a los inmigrantes y a las personas con necesidades diferentes o con preferencias sexuales distintas de las nuestras? ¿Cómo los tratamos?