Acciones de Esperanza

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La ruta de la esperanza

Dice un proverbio chino que la esperanza es como el azúcar en el té: basta una pequeña cantidad para endulzar toda la taza. Nunca olvides ponerle una cucharadita de esperanza a tu vida, aprende a confiar en que las cosas pueden ser mejores y en que tienes el poder de cambiar aquello que no te gusta. Esta confianza te da la fuerza, el estímulo y la energía que necesitas para lograr cuanto te propones. Por el contrario, la desesperanza te vuelve pesimista, apático, te hace sentir derrotado aun antes de comenzar a luchar, te lleva a creer que no vale la pena tratar de ser y de vivir mejor. No es lo mismo ir a la escuela por obligación, que ir porque se tiene la esperanza de aprender y ser mejores. Una expectativa fuerte combinada con una buena dosis de confianza son excelentes motores para lograr lo que queremos.  

Valores en acción

• Elabora un plan de vida. Piensa a qué te quieres dedicar en el futuro. • Compara tu plan de vida con el de tus compañeros. Pregúntales qué les interesa y cuál es su vocación. • Piensa qué puedes hacer para que tu vida sea más satisfactoria. • No te desesperes ni angusties cuando las cosas vayan mal; tranquilízate y busca soluciones.  

Padres con valor

Formar a nuestros hijos en la esperanza significa, sobre todo, enseñarles a mirar hacia el futuro sin temor ni inseguridad. Es importante hacerles ver, de una manera sencilla y de acuerdo con su edad, que junto con el azar, el determinismo y los agentes externos que influyen en el devenir de los seres humanos, también están la voluntad personal, la iniciativa, la disciplina y la libertad. Estos factores les otorgan el poder para darle sentido a su existencia o, como dice el dicho, para convertirse en los arquitectos de su propio destino. • Muestre frente a sus hijos una actitud alegre, animada y abierta al porvenir. • Enséñelos a esperar lo mejor y a actuar para que ello ocurra. • Frente a las dificultades, trabaje con sus hijos en la búsqueda de soluciones realistas. • Muéstreles, mediante ejemplos, la diferencia entre la esperanza y la mera ilusión.  

Maestros con valor

El valor de la esperanza supone optimismo; es la convicción de que el mañana puede traer cosas buenas. Una de las obligaciones del maestro es enseñarles a sus alumnos que este porvenir luminoso no sólo es posible, sino que está al alcance de cualquiera; sin embargo, también tiene el deber de advertirles que los grandes logros no ocurren por sí solos ni por arte de magia, sino que son el resultado del estudio, el esfuerzo y el compromiso con uno mismo. Se trata de plantar la semilla de una esperanza sólida y apoyada en los hechos, no en las fantasías. • Anime a sus alumnos a hablar sobre la idea que tienen de su futuro. ¿Cómo imaginan su vida dentro de diez o veinte años? • Favorezca actitudes positivas dentro del grupo (la verdadera esperanza sólo florece en ambientes optimistas). • Analice con sus alumnos la situación del país y, sin ignorar los aspectos negativos, centre la atención en los detalles esperanzadores. • Intervenga en momentos de crisis y desesperanza de sus alumnos y muéstreles que siempre hay soluciones para los problemas.  

Con ganas de triunfar

  • Identifica qué te gustaría conquistar en el futuro, tanto en el aspecto personal como en el profesional. ¿Estás haciendo algo para lograrlo?
  • Identifica cuáles son tus miedos o temores, o cuáles problemas vives hoy. ¿Estás haciendo algo para resolverlos?
  • Aléjate de las personas que te hagan dudar de tu capacidad. Acércate a quienes te impulsen a seguir adelante y compartan tus sueños.
Ayuda a los demás a cumplir sus sueños y anímalos a mantener su esfuerzo.

Palabras para las familias

La familia y el ámbito doméstico ofrecen el campo ideal para el entrenamiento en el valor de la esperanza. Gracias a ustedes los chicos pueden alcanzar la meta.
  • Evite inculcar en ellos ideas de desánimo, derrota o incapacidad. Hágalos sentir confianza en sí mismos.
  • Trate de conocer y comprender cuáles son las esperanzas de ellos. No los convierta en vehículos de las esperanzas de usted.
  • Propicie una actitud positiva, pero evite el optimismo irracional. Hágales entender que todo saldrá bien siempre y cuando se esfuercen.
  • Cuando cometan errores nunca use frases del tipo “me defraudaste”. Transforme el regaño en una propuesta creativa.

Palabras para los docentes

La escuela es el espacio más adecuado para fortalecer las competencias relacionas con el valor de la esperanza y ustedes, los mejores entrenadores técnicos para chicos de “alto rendimiento”.
  • Al abordar los problemas que se viven en la comunidad o el país haga una exposición orientada a soluciones en las que los chicos puedan participar.
  • Invítelos a expresar sus sueños, anhelos e ilusiones. Es una forma interesante de descubrir la personalidad de cada cual.
  • Identifique a los alumnos que tengan una visión triste o derrotista de la vida. Generalmente es producto del entorno familiar. Ayúdelos a modificarla.
Vea en cada uno de ellos un proyecto de vida, un potencial de imaginación y creatividad. Inspire su trabajo en el aula en esta visión. Examina cuidadosamente tus ideas en relación con el futuro, tus planes y actividades y detecta qué esperas con mayor fuerza y emoción. Piensa entonces cómo realizar esos sueños. Quizá no puedas transformar tu casa en un palacio, pero con seguridad puedes hacer que el lugar donde vives sea mucho más bonito. Quizá no llegues a ser la mejor deportista del mundo, pero puedes aspirar a ganar el partido que hay mañana en tu escuela. Aplícate con entrega y emoción para conseguir esos pequeños triunfos que son la versión a escala de tus grandes sueños. Habla con los demás y pregúntales qué esperan, cuál sería su mayor alegría en la vida.
  • Busca en tu entorno aquello que te parezca bueno y hermoso: realiza una lista por escrito.
  • Dale preferencia a las esperanzas y proyectos nacidos de tu vida y experiencias propias.
  • No adoptes como tuyos los proyectos de la publicidad.
  • No midas tu éxito o fracaso en relación con el de los demás. Mídelos con respecto a las oportunidades que hay en tu vida.
  • Aunque la esperanza y el optimismo tienen que ver con la reflexión, actívate para darles forma material: “siéntate o levántate pero haz algo”.
  • Una de las grandes experiencias humanas es compartir planes y esperanzas. Búscalos a tu alrededor. ¿Tienes algún proyecto común con tus padres, tus hermanos o amigos?
  • Aléjate de las personas que te desalienten o te desanimen en tus planes. Acércate a quienes te impulsen a cumplirlos.