Cuentos

Amalia y el mole de olla: cuento de Esperanza

Al final del cuento hay una serie de preguntas para conversar con los pequeños.

Amalia y el mole de olla

La señora Amalia quería darle una sorpresa a su marido. Desde muy temprano fue al mercado con su hija Dorita para comprar un kilo de espinazo de res. También consiguió jitomates, calabacitas, chiles anchos, chiles pasilla, una cebolla, una ramita de canela y dos elotes cortados en tres trozos cada uno. Había decidido prepararle a su esposo, Evaristo, un rico mole de olla para alegrarlo, pues durante las últimas semanas lo había visto muy decaído a causa de la falta de empleo. Seis meses atrás, Evaristo fue despedido de la fábrica en la que trabajaba y, desde entonces, salía todos los días a recorrer la ciudad en busca de un nuevo empleo.

Por desgracia no había tenido suerte. En algunos lugares le decían que por el momento no tenían vacantes, que quizá después; en otros sitios ni siquiera lo recibían. Esto provocó que Evaristo se sintiera cada vez más intranquilo, pues los ahorros de la familia comenzaban a agotarse. ¿Qué pasaría cuando el dinero se acabara? ¿Cómo pagarían la renta, la luz y el agua? ¿Qué ocurriría si nadie lo volvía a contratar? A diferencia de su esposo, la señora Amalia mantenía una actitud positiva. Cuando Evaristo regresaba a casa por las noches con una expresión de derrota dibujada en el rostro, ella lo animaba: “No te preocupes, gordito. Ya verás que encontrarás un nuevo empleo. Eres una persona trabajadora, honesta y responsable”. Al escucharla, él olvidaba por un momento su pesadumbre. Amalia decía todo esto no sólo para que él se sintiera mejor, sino porque estaba convencida de que las personas que se esfuerzan, tienen iniciativa y no se dan por vencidas pueden superar sus dificultades. Todas las noches, durante la cena, ella se mostraba animada y llena de esperanza. Junto con su hija, la señora Amalia picó la cebolla, cortó las calabacitas en cubos y asó el jitomate. Mientras tanto, la carne hervía en una cacerola en la que agregó ajo, epazote y los chiles.

Poco a poco, el platillo fue tomando forma. Cuando Evaristo llegó a casa, el olor del mole de olla hizo que se sintiera mejor. Aún no había logrado conseguir empleo, pero al menos esa noche cenaría algo rico en compañía de su familia. Al sentarse a la mesa el humeante caldo hizo que el rostro se le iluminara. Luego, al probarlo, se sintió en el cielo. “Caray, mi amor, eres una excelente cocinera. Preparas el mejor mole de olla del mundo”, dijo con entusiasmo. En ese momento, Amalia tuvo una revelación: “¿Y qué tal si ponemos una fonda? Podríamos vender mole de olla, pozole y tacos dorados. Yo cocinaría y tú te encargarías de atender a los clientes y cobrar”. Su esposo se quedó en silencio durante unos minutos. Nunca se le había ocurrido la posibilidad de emprender un negocio. La propuesta le gustaba, pero no estaba seguro. Le dijo a su esposa que tendrían que invertir sus últimos ahorros. Además, sería necesario trabajar mucho. “¡Yo estoy dispuesta!”, exclamó Amalia con entusiasmo. “¡Yo también!”, se sumó su hija Dorita. Así pues, la familia abrió una pequeña fonda en su casa. Al principio hubo pocos clientes, pero cuando los comensales probaban los platillos de Amalia —en particular su mole de olla— no dudaban en regresar y en recomendar el negocio a sus familiares y amigos. Muy pronto el lugar estuvo lleno y ya no fue necesario que Evaristo buscara trabajo, pues ahora tenía una empresa familiar.  

¿Y tú qué piensas…? 

• ¿Qué diferencias notas entre la actitud de Evaristo y la de Amalia?

• ¿Con cuál de los dos personajes te identificas?

• ¿Consideras que Amalia es una persona realista?

• ¿Por qué al principio Evaristo no estaba seguro de emprender un negocio?  

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