La Orden Olímpica, gratitud en los Juegos

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La creación y la entrega de la Orden Olímpica, gratitud en los Juegos Olímpicos hecha distinción, honor a quien honor merece.

Al final encontrarás algunos puntos para reflexionar en el aula.  

La orden olímpica

Los Juegos Olímpicos son eventos de enorme complejidad que requieren la ayuda, la entrega y el entusiasmo de todos sus participantes. Pero ese esfuerzo no se limita a los deportistas que compiten en ellos: se extiende a todos quienes los hacen posibles; por ejemplo, los albañiles que construyen las instalaciones, los voluntarios que ofrecen su trabajo gratuito para atender a los millones de turistas y delegaciones internacionales, los funcionarios del país donde se llevan a cabo y las empresas que ofrecen su patrocinio. El presidente en turno del Comité Olímpico Internacional (COI) hace patente su agradecimiento a todos ellos en sus discursos de inauguración y clausura, pues sin ellos los Juegos no tendrían éxito. En los casos más importantes el COI cuenta con un recurso especial para formalizar su agradecimiento: la “Orden Olímpica”. Ésta surgió en 1975 con tres diferentes grados, equivalentes a las medallas de las competencias: oro, plata y bronce. La presea es un collar que presenta al frente los aros olímpicos y las hojas de laurel con las que se reconocía a los mejores atletas en la Antigua Grecia. Se les entrega en la ceremonia de clausura a las personas que hayan prestado un servicio destacado al Movimiento Olímpico, incluyendo —por supuesto— al Comité Organizador de cada país.

 

Miembros de la Orden Olímpica

Desde la entrega inicial, en 1976, diversos personajes han recibido la Orden Olímpica. Uno de los primeros fue Jesse Owens, el atleta ganador de cuatro medallas de oro en los juegos de Berlín, 1936. En 1982 la recibió el papa Juan Pablo II por su apoyo al olimpismo como una forma de contribuir a la paz y la hermandad entre las distintas naciones del mundo. En 1985 otra figura reconocida con ella fue la primera ministra de la India, Indira Gandhi, pues en una época en que el mundo se dividía en dos bloques (uno que simpatizaba con Estados Unidos y otro que simpatizaba con la Unión Soviética), su gobierno ignoró las tensiones y favoreció la celebración fraternal del deporte. Muchos otros políticos y jefes de estado han recibido esta prueba de gratitud: el rey Rama X de Tailandia (1987), el primer ministro de Italia Giulio Andreotti (1990), el presidente de la Federación Rusa Boris Yeltsin (1993), y el de Sudáfrica, Nelson Mandela (1994). La han merecido asimismo los presidentes del Comité Olímpico Internacional. La Orden Olímpica se suma, así, a los símbolos del olimpismo como la antorcha, los aros, la bandera, los himnos y las mascotas creadas para cada edición. Se eleva sobre ellos como una muestra de gratitud que festeja la cooperación, la buena voluntad y el entusiasmo de tantas personas para hacer de los Juegos el mayor evento deportivo del mundo.

 

Para pensar con todo el grupo

  • ¿De qué sirve la Orden Olímpica?
  • ¿A quién conocen que la haya ganado?
  • ¿Creen que esas personas merecen reconocimiento?
  • ¿Te gustaría obtener la Orden Olímpica? ¿Qué harías para obtenerla?
 

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