Qué es la lealtad en voz del filósofo

El doctor Juan Carlos López Gracia, en su colaboración para Valores de noviembre nos define qué es la lealtad desde la óptica filosófica.

  • Te compartimos la colaboración de un filósofo sobre qué es el Valor de la Lealtad.

 ¿Qué es la lealtad?

Etimológicamente, la lealtad puede comprenderse como la cualidad de cumplir con las leyes o normativas, ya que sus componentes léxicos: lex, legis, hacen referencia a la ley.

En la práctica, la lealtad aplica no solamente al respeto hacia las leyes. También se entiende la lealtad como la cualidad de respetar la autoridad o la promesa dada.

También puede considerarse a la lealtad como un sinónimo de fidelidad palabra que proviene del latín fidelitas que puede comprenderse como “lo más próximo a lo debido o a la realidad”

Se dice que es de “alta fidelidad” al aparato que tiene, como una cualidad, la capacidad de reproducir el sonido “lo más parecido a la realidad”. Lo mismo sucede con aquel que reproduce un video “lo más parecido a la realidad”.

En la burocracia legal se dice “copia fiel” a aquella reproducción que es lo más parecida a la original.

También se dice que una construcción es fiel, cuando la estructura construida es lo más parecida al plano o a la idea que se tuvo de ella antes de iniciarla.

Análogamente se dice que un hombre es fiel cuando es lo más parecido a la idea que se tuvo de él y que se encuentra plasmada en su naturaleza.

Cuando un hombre lleva un comportamiento alejado a su naturaleza que le indica el uso de la razón y la voluntad libre y se deja llevar por sus instintos de manera desordenada, se acerca más al comportamiento de las bestias y por ello es infiel a la idea de su esencia.

La lealtad es un valor que pertenece a la virtud cardinal de la justicia y se encuentra ligada al honor y a la honestidad. El hombre leal antepone el honor a la conveniencia, hace respetar su palabra empeñada y su actuar es constante y firme.

Al contrario, un hombre desleal es veleidoso e inconstante, actúa según las conveniencias a corto plazo, sin ideales ni compromisos duraderos.

 

Ejemplo de lealtad

A menudo se escucha que los perros son los seres más leales del mundo, y su imagen es usada para representar de manera abstracta el valor de la lealtad.

El verdadero valor de la lealtad queda muy lejos del comportamiento de los animales domésticos como el perro, quien, en apariencia, profesa lealtad incorruptible a su dueño, pero que, en realidad, lo sigue por resultarle “conveniente”.

La condición de perro como mamífero lo lleva a vivir en grey, en manada, y a identificar al líder que lo guiará hacia el alimento y la seguridad del refugio. El animal se siente atraído al líder sin mediar reflexión o duda, sigue sólo su instinto, un impulso fuertísimo del que depende la conservación de su vida.

El perro sigue al amo quien le procura alimento y refugio, lo identifica como el líder de la manada y le sigue a pesar de las inclemencias del tiempo, los obstáculos y el tiempo. En su memoria ha quedado grabada la imagen y voz del amo y le identifica al menor llamado.

Ante la constante conducta del animal que nos halaga y sorprende; cabe la apariencia de la lealtad del animal, sin embargo, no es así. El animal sigue al amo solamente por “conveniencia”.

Aquella persona que mantiene la amistad sólo en la medida que le resulta “útil o conveniente” no le calificamos de “leal”, sino todo lo contrario. Su conducta nos indigna y ofende. Nos sentimos rebajados, usados.

No es digno de honor la “lealtad” que se subordina al pragmatismo de la utilidad y la conveniencia. La verdadera lealtad es aquella que se profesa a una ley, principio o persona con la que se ha contraído un compromiso. No importa al hombre leal si la condición de conveniencia ha cambiado.

Es desleal el hombre que abandona su esposa a quien le ha prometido su amor por el simple hecho de que no puede darle hijos.

Es desleal la mujer que abandona a su marido porque ha quedado imposibilitado de trabajar y de proveerle de sustento.

En ambos casos nos parece que el amor era condicionado a la utilidad. “Se le quiere sólo en la medida que se le necesita”

No cabe una lealtad subordinada al deleite o a la utilidad. La lealtad se profesa a lo honesto, a aquello que se le quiere sólo por la existencia misma, sin condiciones.

En las fuerzas armadas es muy importante inculcar entre sus miembros el valor de la lealtad. Se exige a los militares un sacrificio que solo es posible cargar cuando se sabe que se sufre en lealtad a su patria.

La patria como ente abstracto, solo puede en analogía representar a los suyos, a sus tradiciones a su tierra a sus principios e ideales y no hay utilidad en esa concepción. Se sabe que es algo más importante incluso que su vida y el militar gustoso — aunque temeroso— la ofrenda por fidelidad a sus ideales.

Durante la Segunda Guerra Mundial un grupo de aviadores militares japoneses conocidos como “kamikazes” dieron muestra del valor de la lealtad, llevado al extremo del sacrificio de su vida por la lucha de un ideal. La lucha por su patria.

La lealtad nos aleja del pragmatismo y conveniencia propia de las bestias y nos acerca al honor y compromiso que solo la condición humana es capaz de llevar a cabo por su facultad espiritual. Nos hace más libres, lejos de las ataduras de la conveniencia y nos lleva a la conducta que es acorde con nuestra dignidad.

Sólo puede ser leal aquel que ha reflexionado que lo más valioso no es lo deleitable ni lo útil, porque en su concepción implica una subordinación. Porque las cosas serán útiles siempre en función a algo. ante el bien útil siempre cabe la pregunta ¿útil para qué?

El dinero es útil para comprar un auto y el auto es útil para trasladarme de un lugar a otro. Si el dinero no puede comprar lo que requiero o el auto no puede trasladarme no tienen razón de apetecibilidad.

Es leal aquel que mantiene sus compromisos sin la esclavitud de la conveniencia. Porque sabe que es lo más valioso.

 

Juan Carlos López Gracia (graciajcl@gmail.com) es egresado de la H. Escuela Naval Militar como ingeniero en ciencias navales, es maestro en educación por el ITESM y Doctor en Humanidades con especialidad en educación. Es autor intelectual de la metodología científica y de la norma de certificación a instituciones educativas llamada “Escuela con Valores”. Es Presidente de Fundación Axio, Director general del Centro de Aprendizaje Dinámico CADI, del colegio José Vasconcelos y vicepresidente honorario de la Sociedad Mexicana de Filosofía, además de consultor, escritor y conferencista.

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