Acciones de Libertad

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La ruta de la libertad

De entre todas las criaturas que pueblan nuestro planeta, sólo los seres humanos somos realmente autónomos. Los animales, aun los más inteligentes, están atados a sus instintos; es decir, los perros, los gatos, los chimpancés, los delfines y cualquier otro ser viviente que se te ocurra se comportan de acuerdo con las instrucciones que han recibido de la naturaleza. No pueden cambiar por sí mismos su forma de ser ni son capaces de tomar decisiones como lo hacemos nosotros. Si tu perro se escapa de la casa y muerde al vecino, no debes culparlo, pues actuó guiado por su instinto y su temperamento (la culpa, en todo caso, es tuya por no educarlo). Las personas, en cambio, podemos elegir, somos libres de tomar un camino u otro. Poseemos la capacidad para ser mejores o bien peores de lo que somos. Al igual que los animales, también nosotros tenemos instintos, pero en nuestro caso éstos no nos determinan ni encadenan totalmente.  

Valores en acción

• Actúa con libertad, pero también con responsabilidad. Ambas cosas (libertad y responsabilidad) siempre van juntas. • Asume las consecuencias de tus actos si las cosas no resultan como esperabas. • Si alguien te propone hacer algo que consideres malo, humillante o peligroso ejerce tu libertad y di que no. • Piensa bien antes de actuar, de esta forma tomarás mejores decisiones.  

Padres con valor

Cuando nuestros hijos son pequeños, dependen totalmente de nosotros. Somos responsables de protegerlos, alimentarlos y educarlos. Se encuentran totalmente subordinados a nuestra autoridad. Sin embargo, conforme crecen estamos obligados a reducir de manera gradual esta dependencia y esta subordinación. Recuerde: educamos a los hijos para que sean libres, esto es, para que un día levanten el vuelo y sean autónomos. Pocas cosas hay tan tristes como un hijo adulto que nunca aprendió a desprenderse de sus padres y a vivir su propia vida. • Amplíe gradualmente los márgenes de libertad de sus hijos dándoles nuevos derechos y responsabilidades en casa. • Establezca con ellos los límites de su libertad (horarios, salidas, permisos, etcétera). • Discuta con sus hijos la idea de que el grado de libertad que se les otorga está en función de su edad, madurez y conducta.  

Maestros con valor

Ejercer con plenitud la libertad supone, entre otras cosas, hacerse responsable de la propia conducta. Las interacciones en el aula constituyen una buena oportunidad para que el maestro comunique esta verdad a sus alumnos. Así, el profesor puede mostrarle al grupo que ser libre es indisociable de asumir las consecuencias de nuestros actos, sean buenos o malos, correctos o incorrectos. Desde este punto de vista, culpar a los padres, a los compañeros o a las circunstancias de los errores cometidos no es una justificación válida ni una excusa admisible. • Trate a sus alumnos, sobre todo si son adolescentes, como personas responsables. • Enseñe a los más pequeños que todo lo que hacemos tiene consecuencias y que debemos hacernos responsables de ellas. • Discuta distintos problemas sociales en el aula e invite a los chicos a tomar posición y fundamentarla. • Invítelos a dar ejemplos y comparar los distintos tipos de libertad: personal, de expresión, de culto, política, etcétera.  

Con ganas de triunfar

  • Respeta la autoridad de tus padres y maestros pero pregúntales siempre la razón de sus decisiones y todas las dudas que tengas sobre ellas.
  • Evita que los demás te fuercen o te obliguen a hacer algo que no quieres. Si tus compañeros de la escuela te acosan de alguna manera, repórtalo a tu maestro.
  • La libertad tiene un importante aspecto físico relacionado con tu cuerpo. No permitas que alguien te toque si tú no estás de acuerdo. Esa regla incluye a los miembros de tu familia. Denuncia cualquier abuso en ese sentido.
  • Ten cuidado con las “modas”. Están disfrazadas de libertad, pero en realidad te obligan a aceptar y seguir valores ajenos, creados por otros para controlar a los demás.
 

Palabras para las familias

La familia y el ámbito doméstico ofrecen el campo ideal para el entrenamiento en el valor de la libertad. Gracias a ustedes los chicos pueden alcanzar la meta.
  • La regla de oro para medir el grado de libertad que se concede a los menores es el riesgo concreto de las acciones que pretenden llevar a cabo. Eviten verlo con superficialidad, pero eviten también proyectar en la situación miedos irracionales o inseguridades personales.
  • Sea sensible a la independencia que van ganando los menores durante su proceso de desarrollo. Supervíselo pero no interfiera en él mientras éste sea saludable. Frenarlo conlleva graves riesgos a largo plazo.
  • Muchos adultos emplean a los menores para satisfacer sus necesidades emocionales y de compañía y se niegan a reconocer sus propias carencias. Evite a toda costa manipularlos, explotarlos o cohibirlos de cualquier forma. ¡Trabaje usted en sus propios problemas!
  • Evite la sobreprotección y tenga sobre ellos un cuidado sutil, siempre discreto. Sea un guardián delicado, no un tirano amenazante.
 

Palabras para los docentes

La escuela es el espacio más adecuado para fortalecer las competencias relacionas con el valor de la libertad y ustedes, los mejores entrenadores técnicos para chicos de “alto rendimiento”.
  • Promueva la absoluta libertad de expresión en el aula. Siempre y cuando se mantengan los límites del respeto cada alumno puede decir lo que quiera decir.
  • Recuerde que la experiencia educativa no es un acto de sometimiento, ni un plan para controlar la conducta. Es, por el contrario, un proceso formativo para tomar mejores decisiones y más informadas.
  • Diseñe las tareas y deberes extracurriculares de manera que dejen a los chicos el suficiente tiempo libre para tomar un respiro y volver a la escuela con nuevas energías.
Oriéntelos sobre el manejo del tiempo libre e invítelos a aprovecharlo en actividades que, de una u otra manera, beneficien su formación: las visitas a sitios de interés, la afición por el cine, la lectura, la práctica de un deporte o el trabajo comunitario.

Para la vida diaria

  1. No te dejes llevar por la corriente, las modas o las decisiones ajenas. Establece tus planes y esfuérzate por cumplirlos. Empieza por lo más sencillo: ¿qué te gustaría hacer en tu tiempo libre?, ¿qué te gustaría cambiar de tu aspecto? Luego avanza con lo más complicado: ¿qué quieres ser de grande? ¿en qué lugar quieres vivir? Mantén abiertas esas preguntas y cambia tus respuestas cuando sea necesario.
  2. El miedo es el principal enemigo de la libertad. A veces no seguimos nuestras decisiones porque tememos sus consecuencias o hacer enojar a alguien. Razona con cuidado, avanza paso a paso y pierde el temor. Si piensas que alguien en especial, como tus padres o tu maestro, están limitando mucho tu libertad habla con ellos y exprésales tus puntos de vista. También escucha los suyos, su experiencia como adultos puede enriquecerte.
  3. Defiende tu propia libertad, pero también la de los demás, pues es la mejor garantía de un mundo armónico. No exijas demasiado a tus padres, no obligues a tus amigos a hacer lo que no quieren, no “uses” a tu mascota como un juguete. Las mejores relaciones y los mejores proyectos se establecen entre seres humanos libres que combinan sus propósitos. Libérate tú liberando a los demás.