Cuentos

La tortuga blanca, leyenda sobre gratitud

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Una excelente lectura para hacer con nuestros hijos e hijas es La tortuga blanca, leyenda sobre gratitud recogida de la tradición de China.

Al final encontrarás unas preguntas para que con la reflexión se adquiera el valor.  

La tortuga blanca

Mao Pao era un jovencito chino de apenas quince años. Sin embargo, ya se preparaba para ser un guerrero y vestía la elegante indumentaria que correspondía. Después de un arduo entrenamiento fue a refrescarse a la corriente cercana del río Amarillo. Despojado de su uniforme, se echó a nadar. Unos metros más adelante vio a un pescador.

-¿Qué haces por estas aguas?-le preguntó. -Vengo a buscar algo para vender en el mercado-respondió. De repente el pescador se echó al río para atrapar un animal con las manos. Cuando lo sacó, Mao Pao vio a una pequeña tortuga blanca. -¡Lo logré! ¡todos querrán comprarla para hacer una buena sopa!-exclamó aquel hombre. El joven guerrero se acercó, y le conmovió ver los ojos disminutos de la tortuga que era apenas del tamaño de su mano. -Déjala ir-pidió. -No. Necesito el dinero-respondió el pescador.

-Te propongo algo. Dámela y llevate mi uniforme nuevo que está tendido en aquel lado. Puedes venderlo bien. Sólo déjame algo para cubrirme.

Así se hizo. El pescador le entregó la tortuga y se llevó la ropa.

Mao Pao salió del agua y se puso una túnica, la sola prenda que le había quedado. Se llevó a la tortuga, temiendo que, si la dejaba allí, el pescador regresaría por ella. En el camino la soltó en un estanque cercano. La tortuga se fue nadando poco a poco.

Pasaron cincuenta años. Mao Pao había llegado a ser general durante el reinado de la dinastía Chin. Su país vivía una época de luchas y enfrentamientos por el poder. Tras perder una batalla, había quedado solo, abandonado por sus hombres.

Corría y corría para salvar la vida. De repente llegó al río Amarillo de su juventud. Si cruzaba a la otra orilla estaría a buen resguardo. Pero parecía imposible. Era época de lluvias y el caudal estaba más crecido que nunca.

Los hombres de Tigre de Piedra (así se llamaba el general enemigo) estaban a punto de prenderlo. Sin embargo, ya en la orilla del río, Mao Pao vio acercarse un enorme caparazón blanco, casi de su mismo tamaño. De éste asomó la cabeza y el general reconoció los mismos ojos inocentes de la tortuga que había salvado años atrás.

Sin pensarlo, se subió a ella, se prendió de la sólida cubierta. La tortuga, acostumbrada a las crecidas del río, no tardó en llevarlo al otro lado, donde lo dejó sano y salvo.

Cada uno siguió su camino, aunque dicen que volvieron a encontrarse.  

Para reflexionar con los hijos e hijas

  • ¿Tú hubieras cambiado tu ropa por una tortuga?
  • ¿Por qué crees que Mao Pao lo hizo?
  • ¿Qué piensas que sintió Mao Pao cuando reconoció a la tortuga?
  • ¿Te ha pasado algo así, con un perro quizá? ¿Te gustaría?