Perdonar es transformar
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¿Perdonarías a quien intentó asesinarte? Él sí.

El atentado

A las 17:15 h del 13 de mayo de 1981, el entonces Papa, Juan Pablo II viajaba a bordo de un vehículo descubierto por la plaza de San Pedro. El automóvil avanzaba lentamente para que pudiera ir saludando a las 20,000 personas reunidas que lo aclamaban. Una mujer le tendió a su pequeña hija, Juan Pablo II la cargó, le dio un beso y la regresó con cuidado a su madre. De repente la alegría de esa tarde fue interrumpida por dos balazos. El Papa se desplomó sobre uno de sus colaboradores: había sido herido en el abdomen y el antebrazo. Fue trasladado de inmediato al hospital Gemelli de Roma, donde se informó que moriría de un momento a otro. Mientras lo operaban, la Policía logró detener a Mehmet Alí Agca, joven turco de 23 años, miembro de una organización terrorista y autor del crimen.
“La espiral de violencia sólo la frena el milagro del perdón”. Juan Pablo II.
Tras una cirugía de seis horas, el entonces Papa, quedó fuera de peligro. Una semana después de los hechos, aún en el sanatorio, informó públicamente que perdonaba a Alí Agca por haberlo querido matar. Éste respondió diciendo que no se arrepentía. Aunque el Papa se recuperó, sufrió serias consecuencias que requirieron varias operaciones más, dieta permanente y cuidados especiales por el resto de su vida. Alí Agca fue condenado por la justicia italiana a cumplir la pena de cadena perpetua en una cárcel romana.  

Un nuevo hombre

Habían pasado dos años desde el atentado cuando el prisionero recibió una extraña noticia: Juan Pablo II solicitaba una reunión con él. Ésta se llevó a cabo el 27 de diciembre de1983. Se conservan varias imágenes del encuentro privado que duró 18 minutos. En una de ellas el Papa lo abraza y lo tiene tomado de la mano. En otra los ojos de Alí Agca miran atentos su rostro. En una más, parece explicarle pacientemente algo. No sabemos qué conversaron estos hombres de religión distinta pues al término de la visita el Papa se limitó a decir: “Hablé con un hermano, lo perdoné y goza de mi confianza. Lo que hemos dicho es un secreto entre nosotros.” Y el perdón no terminó allí. En los años siguientes el Papa buscó cómo reducir la pena de Agca y pidió clemencia para él. Finalmente lo consiguió: en junio de 2000 fue liberado, aunque lo extraditaron a Turquía donde, desde antes del atentado, tenía cuentas pendientes con la justicia. En febrero de 2005, dos meses antes de morir, el Papa estaba hospitalizado de nuevo, ahora por problemas respiratorios. Una mañana le entregaron un sobre procedente de Turquía. Dentro de él había una carta manuscrita de Agca donde le decía: “Me dijeron que usted está enfermo. Le deseo que se recupere muy pronto”. El antiguo asesino era un hombre nuevo. Te comparto este video de la agencia de noticias Rome Reports, a 30 años de este atentado.

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